Archivo mensual: mayo 2009

Playas del pasado

En esta playa los tranvías transitan a temporadas. Por la arena las huellas de los tranvías se van borrando. Los tranvías desaparecen a lo lejos y el mar no deja de inundar la playa del ruido del oleaje y de conchas la orilla.

Es una playa solitaria y muy, muy larga. No tiene fin.

El cielo es rosado y el sol de un anaranjado cálido. El sol siempre está en el mismo lugar, las olas cubren la misma porción de playa y, siempre coexiste en el cielo el rosado y malva de la puesta (inmutable). Yo, camino, y mis pasos desaparecen. Siento nostalgia y dolor en el pecho. Que soledad y que tranquilidad más horrible la de este lugar…

He intentado subir a los trenes que recorren la playa, pero nunca se detienen. Si les alcanzas se hacen invisible. Los pasajeros permanecen inmutables, su expresión no dice nada, no hablan, no se miran, no saludan. A veces, creo que no están allí o se quedaron dormidos en un sueño en el que se les olvidó cerrar los párpados.

Miro las olas y deseo morir, cambiar, que venga una gran ola y lo inunde todo.

Un día, camino y, siento que alguien toma mi mano. No hay nadie… ¡No! Quiero decir, ¡lo hay! pero nadie la ve más que yo… No está, pero yo siento su mano y la explosión que ello me causa, más hermosa que el paraíso. Me crispo, me recorre un escalofrío por el brazo. La primera sensación desde hacía mucho tiempo. Se esfuma, ¡no, no quiero! Cierro los ojos con fuerza y lo retengo. El tiempo pasa. No sé cuanto. Horas, tal vez meses, tal vez años. Camino junto a esa persona.

Lloro y las lágrimas desaparecen al llegar a la arena.

Vuelvo a vivir.

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