Archivo mensual: agosto 2010

Ser feliz

Ser feliz. Que importante es para nosotros, el ser humano, alcanzar eso que llamamos felicidad. A veces, una se pregunta si la felicidad es una quimera o una falsa invención propia. A veces una se pregunta qué es necesario para llegar a ser feliz y cree que cuando logre ese momento tan esperado se sentirá en completa calma y plenitud consigo misma.

Pero, ciertamente, el sentimiento de plenitud que el ser humano experimenta es pasajero y viene dado por una vivencia o experiencia muy intensa que nos hace sentir que todo está en orden, que estás cómodo en el momento en el que te encuentras, que merece la pena.

Tras haberme conocido mucho (aunque me queda muchísimo más por conocerme), he llegado a una conclusión acerca de esta tan ansiada meta. Sí que existe, claro que existe la felicidad. Por ello mismo le hemos dado un nombre. Y no, no es meramente utópica, se puede alcanzar. Pero he aquí el mayor error que el ser humano comete: el ser humano siempre tiene sed de más y siempre se siente insatisfecho.

El mayor error del ser humano es creer que algo le falta para ser feliz

Las personas en esta sociedad de consumo deseamos y codiciamos más y más cosas que nos hagan sentir llenos y plenos, pero esa es una falsa y efímera plenitud. Nos emociona en un principio, pero más tarde nos aburre, nos  cansa y, nuevamente, ansiamos una cosa nueva.

Las personas avanzamos, vamos obteniendo logros que nos dan satisfacción personal, vamos sociabilizándonos, creando nuevos vínculos y alcanzando en mayor o menor medida el ideal de vida que hemos construido. Pero, el ser humano siempre cree carecer de algo que le lleve a ser feliz. En lugar de disfrutar de aquello que hemos logrado, una nueva meta aparece. Siempre, siempre nos falta algo para ser felices. Es el pez que se muerde la cola. No he obtenido el amor verdadero, no me gusta mi cuerpo, podría tener un trabajo mejor, podría haber sacado una nota mejor, eso es que no he sido lo suficientemente bueno, lo suficientemente capaz, lo suficientemente…

Y digo yo:-¿Quién no querría tener todo ello y más?  Si por un momento nos parásemos en este frenético laberinto de PEROS, nos daríamos cuenta de que tenemos todo lo esencial para ser felices. De que NO NOS FALTA NADA.

¿Te imaginas?, ¡qué maravilloso! La persona que lo logre debe de sentirse ahora mismo endiabladamente afortunada. Debe de caminar una senda con horizonte pero sin llegada. Un camino en el que él o ella construye sus propias metas y el tiempo en alcanzarlas debe ser el “necesario para cada uno” y no el que marca la victoria o el fracaso.

¿Te imaginas? Esa persona debe estar rodeada de mucha gente que ilusas quieran hallar su secreto. Y… es tan sencillo que estando ante nosotros no alcanzamos a verlo. Intentamos e intentamos creer que la felicidad no admite color negro. Negamos aquello doloroso y terrible que pueda ser escrito en nuestro diario. Nos maquillamos una sonrisa y, ¡a tirar para adelante! En realidad, nos mentimos a nosotros mismos, porque todo el mundo sufre, todo el mundo se arrepiente de algunas decisiones y a pesar de ello sigue tomándolas, todo el mundo tiene vicios o malos pensamientos en algún momento de su vida, siente confusión, todo el mundo persigue sin descanso eso que permanece apenas en nuestro bolsillo derecho, izquierdo, trasero, ¡dónde queráis! El problema es que a veces, antes de meter la mano en el bolsillo, uno ha de desarmarse de esa coraza de banalidades que le rodean y que no le aportan nada, de esa costra que le hace sentirse protegido y menos vulnerable, de ese montón de “cacharros” que nos ocultan de nosotros mismos, de lo que somos y de lo que verdaderamente debemos aceptar porque es francamente lo más verdadero y seguro que tendremos: a nosotros mismos.

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