Archivo mensual: septiembre 2010

La guerra del cambio cultural

Es imposible abordar la anorexia [del griego α (no) y ὀρέξις (apetito)] culpando al cambio cultural y sin tener en cuenta las características de la persona que la ha sufrido, pero como la cultura es un agente de gran influencia me apetecía hablar del drástico y decisivo salto que ha jugado su papel en este siglo XXI.

Si continuásemos en la época de Courbet, Rubens, Renoir, etc. el modelo y arquetipo de belleza femenina sería completamente diferente al actual. En épocas pasadas la delgadez ha sido un signo negativo de posición socioeconómica y fertilidad, pero la solución al hambre, la fijación por la moda y la estética, el desarrollo de las telecomunicaciones y la publicidad han contribuido a un cambio de valoración corporal. Este cambio nos presiona, determina nuestra autoestima e integración y nos hace creer que en los modelos delgados se encuentra la normalidad y, peor aún, la felicidad.

El concepto de belleza se deforma. El concepto de belleza es distinto según cada cultura y es imposible de alcanzar para todas. Los corsets, el vendado de pies, el anillado del cuello en tribus como  los “paudung”, el exceso de maquillaje, las siliconas… todos estos son productos de una insatisfacción social que hoy en día no se reduce a las mujeres y que, prepara menos al ser humano causándole preocupación y ansiedad ante su aspecto. Y, repito: LA BELLEZA NO ES UNIVERSALIZABLE.

Recuerdo un examen de francés  en el que me pusieron un texto acerca de “les mannequins”, que decía: “les critères de la beauté ont changé: l’époque est à la vitesse, si bien que, pour le fuselage des avions comme pour le corps des femmes, on gomme tout ce qui dépasse, tout ce qui ralentit” (Los criterios de belleza han cambiado: Nos encontramos en la era de la velocidad, de manera que para el fuselaje de los aviones, así compara  el cuerpo de las mujeres, borramos todo aquello que sobra y que las ralentiza). Me resultó una frase bastante fuerte e impactante y, lo peor de todo, cierta. Debemos perseguir la seguridad y la buena convivencia, pero luego vas y te das cuenta de que esta situación es la que existe. Que siendo adolescente, intentando hallarte a ti misma, te ves bombardeada por un esquema de delgadez que te “promete el éxito” y la integración social o la felicidad.

¿Cuál es el valor de una comida? Es un momento de reunirse, comunicarse, convivir. Y es contradictorio que buscando la aceptación, el miedo a la comida lleve a rechazar reuniones y fiestas con los amigos que lo que hacen es aislarte. Festejos en los que la comida se vuelve un placer, un modo de compartir, una simple excusa para verse y reir un rato.

Los prejuicios que ha portado este cambio en los estereotipos han reducido el concepto de lo atractivo olvidando algo realmente importante, el lenguaje del cuerpo: la forma de moverse, los gestos, la vivacidad de una mirada, la calidez de un beso, el color de la piel… Y olvidando la salud, la fuente de la vida. La salud que tan valorada era en las épocas de guerra. ¿Qué guerra es la que padecemos ahora? ¿Acaso se trata de una guerra en la que el fusil que disparamos nos alcanza a nosotros mismos?

La belleza no siempre será eterna

Hace mucho que no veía a mi amiga de infancia Andrea, y nos hemos reencontrado.  Después de cuatro años vi nuevamente a su abuela Domi. Le tengo mucho cariño a esa mujer. Mi abuelo hablaba todos los días con ella y ambos se dedicaban a cuidar los jardines de sus respectivas casas.

Recordé también lo mucho que me enfadé con mi abuelo en una ocasión en que le traje una gran caracola de la playa (una de esas grandes que pocas veces encuentras y a través de la cual puedes escuchar el mar) y un día después me di cuenta de que se la había dado a Domi. Ahora me río de ese recuerdo. Ella estaba coleccionando moluscos así en un gran tarro de cristal y qué mejor lugar y con qué grata persona que con Domi en lugar de dejarla abandonada en cualquier mueble. Pero en ese momento lloré a cántaros porque pensaba que él no había percibido lo importante que era para mí que él la tuviese, porque fue un gran descubrimiento para mí y yo se la había confiado a él. (Para los niños los pequeños detalles tienen una gran importancia).

El caso es que la madre de mi mejor amiga de infancia (me gusta llamarla así porque aunque las distinciones son problemáticas, yo he tenido una mejor amiga) ha tenido un bebé, una niña preciosa que ya tiene algo más de un añito y que se llama Carla. Estando en la piscina de la casa,  jugaba ensimismada con su pequeña, estrechándola y lanzándola al aire para luego recogerla entre sus brazos. Domi llegó con una botella de vino sin alcohol y le dijo a su hija que se la había traído en solución a su poco gusto por el vino. Ella le contesto un tanto enfadada que fuese como fuese no le gustaba el vino y qué podía llevarse la botella, que no la quería. Domi se sentó algo cansada entre murmullos y últimas explicaciones, y mientras Carla era la alegría de su madre, chillaba, saltaba y jugaba, pude notar como Domi la miraba a los ojos. Y pensé que estaba viendo toda la vida que abarcaban los ojos de la pequeña e imaginé que estaba pensando que daría todo lo que fuese por cambiarse por ella, por vivir una nueva vida, tener una nueva oportunidad, por abandonar su cuerpo torpe y cansado y recibir algunos mimos.

Fue realmente una fuerte sensación y, ese mismo hecho me hacía rememorar a mi propia abuela que aunque se mantiene con fuerzas recuerda constantemente la belleza que poseía cuando era joven. Sé que la añora.

Esta serie de pensamientos y recuerdos me evocan un poema que una vez, hace mucho tiempo, leí y me gustó mucho. Es de un poeta colombiano: Julio Florez. Ahí os lo dejo.

¿Ves esa vieja escuálida y horrible?
Pues oye; aunque parézcate imposible,
fue la mujer más bella entre las bellas;
el clavel envidió sus labios rojos,
y ante la luz de sus divinos ojos
vacilaron el sol y las estrellas.

Y hoy… ¿quién puede quererla? ¡Quién un beso
podrá dejar en su semblante impreso?
¡Yo! –me dijo el extraño que me oía-
Yo que por ella en la existencia lucho,
que soy feliz cuando su voz escucho…
¡Esa vieja es la hermosa madre mía!

 Scroll hacia arriba