Archivo mensual: abril 2011

Versos de Wisława Szymborska

Doy las gracias a un hombre-libro que me mostró la sabiduría de la poetisa Wislawa Szymborska, Premio Nobel de Literatura en 1996. Sus versos me han apasionado y, con motivo de este blog y combatiendo los TCAs, quiero compartir con vosotros una estrofa de su poema Tutaj (Aquí).

                                 Życie na ziemi wypada dość tanio.

                                 Za sny na przykład nie płacisz tu grosza.

                                 Za złudzenia -dopiero kiedy utracone.

                                 Za posiadanie ciała – tylko ciałem.

                                (La vida en la tierra sale bastante cara.

                                Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo.

                                Por las ilusiones, sólo cuando se pierden.

                                Por poseer un cuerpo, se paga con el cuerpo.)

               

La superficialidad que hiere

Los avances comerciales han sido beneficiosos para la sociedad y, paralelos al mundo de las tecnologías pues ahora, tras superar la supervivencia en esta nuestra sociedad desarrollada, nos preocupamos por la modernidad, la comodidad y la estética -la cual no hay que confundir con la belleza-. Pero, no formamos parte de esas tecnologías, no somos un cuerpo hecho de arterias metálicas por las que corra la corriente eléctrica. Somos de carne y hueso.

Hace diez años recuerdo jugar a la gameboy con mis hermanos y ver a un tímido Mario Bros formado por píxeles, mientras ahora el rol se asemeja a una verdadera película capaz de sumergirte en otra dimensión. Despreocupados de necesidades básicas, hemos crecido sin preocupaciones aparentes, lo cual ha inclinado nuestro equilibrio y balanza de inquietudes al culto por la imagen. Son pequeños detalles los que sugieren estereotipos desde la infancia sin que nos percatemos de ellos.

¿Por qué nunca era la protagonista de los juegos de rol una mujer gorda?- dicho sin más escrúpulos-. ¿Por qué siempre era una delgada y bella princesa que ansiaba escapar del excesivo boato de la corte y vivía un apasionado romance? ¿Por qué a pesar de que una tienda tenga alternativas en sus tallas son siempre las más estrechas las que visten los maniquíes con cintura de avispa? ¿Por qué nos imponen una tendencia y las montañas de pantalones ajustados de pitillo no te permiten encontrar unos de campana? ¿Por qué en las películas nos muestran que el hombre millonario puede ostentar a cualquier mujer y que la mujer con un cuerpo escultural-que no bonito si recordamos, hemos diferenciado la belleza de lo socialmente estipulado como estético- a cualquier hombre? ¿Por qué cuando miras tu correo electrónico lo primero que ves es un anuncio en el margen derecho que dice “¿conoces tu peso ideal?”? ¿Por qué mi hermano, siendo yo pequeña, le gritó en la playa a una chica sentada en el tobogán de una barca de pedales “¡Gorda!” sólo porque en aquella posición su vientre no se mantenía terso? ¿De verdad era necesario el artificioso comentario para echar unas risas con los amigos?

Por eso, no os voy a mentir. Os vais a encontrar con miles de personas que lo primero que mirarán será vuestro físico y, quién nos asegura que, si la concepción de delgadez, normalidad u obesidad, varía para cada persona, su sentencia hiera o satisfaga. El conflicto es que el cuerpo se está tratando como una propiedad, como un objeto del mercado y así nos lo están haciendo creer. Ese es el peligro de las revistas de desnudos en las que el cuerpo es tratado como carne de intercambio. Nos importa demasiado la opinión que el sexo que nos atrae tenga de nuestro cuerpo porque somos nosotros los primeros en creer que la mayor importancia la verá en nuestro físico y, ello, nos condiciona y condiciona. Corremos el peligro de aupar su impresión y su criterio sobre el nuestro. Ese es el comienzo de un “abandonarte”, de pagar con el cuerpo el tener un cuerpo, el comienzo de una superficialidad que hiere.

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