Archivo mensual: julio 2011

Mi momento

Este es mi momento. No quiero ser la proyección de tus miedos, no quiero que me aconsejes si con ello buscas condicionarme, si con ello me dices bajito:- Esto es lo que debes elegir. No quiero que invadas mi espacio, que pretendas saberlo todo de mí, ser parte de mí. Tú eres tú y yo soy yo. Como persona deseo que mi intimidad sea respetada.

Compartiré contigo aquello que yo quiera compartir y que tú aceptes recibir. Ese encuentro quiero para nosotros. Si me invades, asfixias y obvias mis decisiones, entonces solo lograrás que, a pesar de nuestro amor incondicional, nazca el odio.

No soy un reflejo de ti, no soporto que me absorbas y me cerques. Quiero que me ames así cuando lo haces dándome libertad, aunque ello signifique que pueda tropezar, porque me quiero dar la oportunidad de conocer mi vida, mi inevitable, irrepetible y única vida.

Frente a la pureza de una montaña en bruto quizá me sienta minúscula, pero, como una diminuta florecilla, reto a la naturaleza con mi vida y muerte porque mi existencia es lo más puro y esencial con que puedo enfrentarme al mundo. Sé una luz para mi crecimiento mas no alimentes el huracán de prejuicios o el enjambre de desánimos que me hagan tambalear y pugnen por arrancar mis pétalos. 

Yo quiero contar contigo, que sientas que tú también puedes contar conmigo. Yo y tú, sin deformidades, con las manos enlazadas sin cadenas, con el grito de júbilo que en la comisura del labio asoma y esa entrañable mirada que parece traspasarme, leerme con toda sinceridad, aceptarme con todos mis defectos, tolerarme con todas mis diferencias y dificultades, así como saborear mis mejoras, logros y victorias.

Yo y tú. No para siempre. ¿Por qué para siempre ha de ser todo? Condicionados por el tiempo, el frenesís, la eternidad y lo efímero, negando la vida que nos unió y nos habrá de separar. Para mí el aquí y ahora bastan, este ahora contigo sintiéndome tan y tan libre, este momento escapando y adentrándose en nosotros, caprichoso por sí solo; este momento que en silencio evitamos abandonar y en el que nuestros labios no nos dejan pronunciar palabra alguna.

Mucho por vivir

Realmente me apesadumbra que los adultos se prohíban o se olviden de jugar. Cuando era niña meterme en una gran caja de cartón y rodar me divertía, era capaz de imaginar que dentro de las farolas habitaban las luciérnagas, que el tendedero cubierto por una manta era mi cabaña o que las monedas con que me obsequiaba mi abuelo salían de mis orejas (desde las que las hacía aparecer). Me entristece pensar que un día me olvidaré también yo de qué es jugar, de qué es ensuciarse y no estar pendiente de lo compuesto que se va a un lugar, de qué es presentarte en la puerta de un amigo sin previo aviso, perseguir un ansiado sueño sin que las dificultades importen o reír para todos aquellos con quienes te cruzas por la calle; pensar, también, que hacer el ridículo se volverá un tabú y verme como me juzguen una imposición. Temo pensar que las frustraciones que me atribuya serán capaces de apagar el brillo de una mirada, esa destinada a unos cuantos desconocidos, esa destinada al contagio.

Dijo Hemingway: “Personas inteligentes, y a la vez felices, es la cosa más rara que he visto” y es por ello que no estamos para escatimar sonrisas. Como en los periodos de crisis, en las sequías o hambrunas florecen con fervor las ideas. Ideas de todas las clases y tipos, clasificables como todo en nuestra razonada, esquemática y programada vida pueda ser. El verdadero ingenio consiste en equilibrarnos, ser personas positivas y emprendedoras, tener iniciativas e inquietudes y darnos el tiempo necesario para ser felices (no inmensamente felices), para disfrutar de aquellos momentos que al escapar añoramos y sentir que no quedamos indiferentes ante ellos.

Hay demasiadas cosas que no quiero ver llegar a su fin y demasiadas cosas que no puedo dejar que ni una anorexia ni nadie me arrebaten. Quiero seguir disfrutando del verano en la playa, junto al mar, de mis seres queridos y los chistes de mi hermano, sus demandas de consejo acerca de la ropa que vestir o sus llamadas a la tierna voz de ¡enana!; quiero conservar la ilusión que me produce correr fuera de casa un día de invierno para ver como asciende el humo de la chimenea encendida u observar las estrellas desde el telescopio; inundarme de todo, del sentir, soñar, desperezarme, aprender, experimentar, bailar, tolerar y tirar hacia adelante …; quiero seguir disfrutando de una barbacoa  con mi familia, de la poesía, la música y el dibujo, de un paseo por la ciudad que se despierta y bulle en el frescor de las mañanas o de una salida nocturna con los amigos. Quiero poder dar y dar todo de mí, ser participativa, superarme, sorprenderme y que el pasado no forme parte de mis frenos, sino de mi motor; seguir creyendo que una sonrisa tiene el poder de espantar los nubarrones de algún rostro serio, que lo que creímos imposible lo hicimos alcanzable, y aceptar que las cosas llegan a la vida por sus cauces, cuando menos lo esperamos. Yo digo un sí a cuidarse, dialogar, interesarse por “el mundo” y salir a conocerlo; un sí al corazón, a pedir ayuda, a conceder oportunidades; un sí a un “y ¿por qué no?

Hoy me empapo de estas y otras muchas cosas por las que cada día me merece la pena vivir. No dejes que la enfermedad o los momentos que más te depriman te avasallen, busca esas cosas que no quieras despedir y pregúntate cuánto estás sacrificando y hasta cuánto merece la pena apoyar a la obsesión y a la enfermedad, a la reyerta entre ti y tu cuerpo, entre la presión social y tu salud. La perfección, la paz o la felicidad no se hallan en la aséptica cama de un hospital aunque yo misma haya conocido en mis propios huesos esa trampa que no logras detener aún tomando conciencia. Necesitas pedir ayuda y saber cuánto estás perdiendo, sustituir un rostro y espíritu demacrados por la fuerza y el sol de cada día. Necesitas salir ahí fuera a vivir tu única e irrepetible vida, brindar a los demás con tu alegría e imbuirte de la suya, ante un plato de comida que te parezca horripilante leer: vida. Que cada insoportable bocado sea un paso a tu recuperación, a tu estabilidad, la vuelta a la ilusión. Primero te levantas por los demás. Hoy, levántate por ti.

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