Archivo mensual: junio 2012

El lugar más feliz del mundo

Para mí, dijo Pablo, el lugar más feliz del mundo en estos momentos, es aquel local en Estambul, desde donde podías ver la mezquita azul, oír el maullido de los gatos, fumar un narguile y dejar que el sopor te abrazase, que nada tuviese demasiada importancia. Aceptar  que todo fuese tan casual como que tú y yo estemos hablando en este mismo momento.

Asentí mientras flashes de todas zonas del mundo estallaban en mi mente y en mi imaginación. No, aquella, la que ya sabía, era la única respuesta posible.

-Para mí, no depende de un lugar, sino de personas. Podrían ser muchos lugares, pero sin ellas, sin esas personas, poco importaría-.

Y Pablo consintió a pesar de que seguía en aquella burbuja del que fue su viaje a la frontera entre Occidente y Oriente mientras yo, por mi parte, pensaba en qué hubiese sido de mí en otros tiempos y en otras regiones del mundo, habiendo nacido en aquella otra O que el Bósforo separaba y que tanto me habría cambiado, cuáles habrían sido mis encuentros y cómo nada habría dolido la ignorancia, no haber conocido a la persona que amaba, no saber que ella existía. Nada habría importado, habría conocido a otras personas que amaría, quizá más o menos, o mejor dicho, diferente. Pero ahora, ya (sin vuelta atrás) estaba aquí. ¿Estaba? Sí, en el aula de estudios de Reina Mercedes, y dolía demasiado pensar que nada de lo que habría sido mi vida hubiese sucedido. Y cuando pensaba en nada, pensaba tanto en lo bueno, como en lo malo, como en lo ni tan bueno ni tan malo. Todo aquel transcurso de mis 19 años me había llevado a estar allí esa noche y con una sinceridad clara y transparente me sentí muy feliz.

No era una sensación desbordante ni inabarcable. Una sensación cordialmente pacífica que no buscaba causarme excitación o ansiedad. Estaba feliz de ser, poder sentir mi peso sobre la silla y sentir que allí estaba sentada yo, y frente a mí, mi compañero de clase, y más allá otro estudiante con quien si quería tenía la oportunidad de entablar una conversación.

Me sentí muy feliz. Muy feliz de que todo mi amor y mi dolor, aquellos que me habían moldeado en aquel periodo de tiempo, lo más verdadero que podía albergar como persona y no como fruto de defectos y virtudes, aquello, me había llevado a aquel lugar. Y para nada parecía absurdo que el cielo pudiese asemejarse a un aula de estudios 24 horas.

Dice el dicho que más sabe el diablo por viejo que por diablo y, yo podía decir que a fuerza de conocerme iba poniéndome poco a poco a la velocidad de mi mente. Siempre me sucede lo mismo. Cuando esperas a ser inmensamente feliz porque algo “grande” suceda, acabas temiendo perder la felicidad y esta se deshoja, se vuelve efímera con tus miedos. Es así el ser humano pues nuestro desarrollo intelecto emocional, aquel que ya no se mueve únicamente por puro instinto, nos enfrenta también al temor. Por eso los perros nacen sabiendo nadar y nosotros debemos enfrentarnos previamente al miedo de ahogarnos.

Sin embargo, cuando menos tengo, cuando mi felicidad no depende de que nada suceda sino que yo soy la actuante, sujeto, objeto, proyector, intérprete, cuando menos enrevesada soy, cuando más tranquilidad reina en mi vida, ahí está. La muy bribona que adora el juego del escondite. Junto a mí, sentada la Felicidad, calma, conciencia, agradecimiento por existir. La Felicidad sólo hablaba el lenguaje de las palabras sencillas. Ella que ama hasta las dificultades. Así me sentía, agradecida hasta por las dificultades y por poder tener el ímpetu necesario para combatirlas. Agradecida por estar sana como para poder bailar toda la noche sin descanso con mis amigos. Agradecida por poder creer tanto la realidad como la verdad que sobre mi piel escriben mis palabras y no ven mis ojos. Agradecida de poder decidir.

Sí, aquella noche, el lugar más feliz del mundo era un aula de estudios. Yo no sabía si todo estaba en orden o no, si el examen saldría bien, si las cosas cambiarían pronto o si mañana llovería o haría sol. Poco importaba. En cualquier esquina, cruzando la calle, atravesando una puerta, allí, podía encontrarla inmersa en su juego, mirarla a los ojos y, entonces, susurrarle un:-Te pillé.

Verbos

Confiar, relatar, tolerar, integrar, colaborar. Concienciar, sensibilizar, reconocer, afrontar, permitir, desenmascarar, explorar, interpretar y experimentar, probar. Reconstruir, observar, escuchar, sentir, reflexionar, reaccionar, actuar y vivir. Ayudar, dar, motivar, sonreír, luchar, partir, emprender, caminar, seguir y viajar, transitar, parar y errar, penetrar, indagar, respirar. Comunicar, interaccionar, exteriorizar e interiorizar, aprender a enseñar y enseñar a aprender, crecer y crear, arraigar y desprender. Recordar, desenterrar, moldear, valorar, decidir, desprogramar, desinhibir, expresar, manifestar, equilibrar, inventar, imaginar, discurrir, tantear y descubrir. Creer, cultivar, regar, ser, yacer, batir, agitar, proyectar, futurizar, arriesgar, osar y aventurar, jugar, saltar, impulsar, precipitar, ansiar, querer, gustar, amar, clarear. Comenzar, recomenzar, liberar, libertar, desencadenar, caer, levantar y conquistar. Despertar. Existir. Vibrar, apasionar, trepidar, palpitar.

Libérate

Sé tu mejor tú. Cree en ti. No te compares o desmerezcas. No vivas de los pensamientos de los demás, buscando cumplir sus exigencias o mirando al suelo. Mira a los ojo sin pudor, sin miedo a que lean en ti, a que te descubran, a que se topen con tu curiosidad.

Vive sin dejar nada por decir y emplea la valentía en transformar tus pensamientos en acciones. Imagina, innova, motiva tu creación e inspiración en lugar de dejarte llevar por la pereza o apatía. Equilibra tu cuerpo y mente para sentirte bien y busca el lado positivo, las diferentes perspectivas a las situaciones que transcurren durante tu día a día.

Compártete con los demás, no temas al No, no calles, cuéntalo, vívelo. Siéntete niño, juega, descubre con mirada nueva y aprende.

No busques en los transportes públicos los asientos vacios, comparte con alguien tu trayecto e implícate. Viaja, enriquécete de otros lugares,  abre tu mente para que tu espiritualidad y capacidad crezcan.

Decide. Conoce. Infórmate. Descubre a quienes  no conocías, sus historias, y haz amigos que amplíen tu percepción, con los que conversar, quienes expriman lo mejor de ti y no quienes te hagan sentir mal, ajena a ti, extraña a ti.

No midas, no cuentes, no te cohíbas, no cortes, no mientas, no dudes, haz aquello no únicamente que quieras o debas, sino que seas, que revela tu esencia. Sé. Existe. Ama. Siente. Medita. Contempla. Culmina. En lugar de dejarte llevar por el consumismo material, deja que la vida te consuma. Sueña siempre y cuando estés decidido a hacer posible lo imposible. Rompe tus cadenas.

Fotografía: Ryue Nishizawa, Teshima Art Museum

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