Archivo mensual: julio 2012

Todos mis miedos se vuelven contra mí. Me hago esclava de mis miedos, ellos deciden, me agoto, me tomo el brebaje que me haga empequeñecer y me aletargo en la madriguera del cansancio , y me refugio en mi habitación, víctima de la melancolía y la angustia, asustada y temerosa de cómo me afecta lo que me voy a encontrar ahí fuera si ya tengo suficiente con lo de dentro. Nada atenúa el dolor, una canción me entristece y rostros serios e inertes me desganan. Los miedos están llenando el vacío: “no merece la pena”, “patética”. Demasiado agotador. Mi propio cuerpo, pesado y desganado, me atenúa.

¡No, espera, espera! ¡REBOBINA!

Todos mis miedos se hallan frente a mí. Pero empiezan en mí, yo decido, soy más fuerte que ellos, tomo la determinación que me hace vencerlos y salgo de la madriguera a ver la luz del mundo, a caminar por el mundo, a dejar que la realidad se sienta celosa de cómo miro el mundo con intensidad, con humilde descaro, con ilusión, con una fuerza motor de cambio, con conciencia, … Un pequeño gesto basta, una canción me despierta,  una sonrisa me alienta. Siento la energía fluyendo en mi interior como un cosquilleo que despertara cada nervio, erizara cada resquicio de piel y activara cada músculo, cada sentido.

¡Sí, definitivamente así está mucho mejor!

Zapatos, mentes y silencios.

Los halagos que más me ha satisfecho recibir fueron un “me encanta tu belleza natural” y ” tienes mucha personalidad”. El 2º, el más valioso, me lo regalaron cuando tenía 15 años. Entré en una tienda de bellas artes con unos zapatos retro, a lo “Charlotte”, nada acordes con la moda adolescente y susceptibles a ser criticados, pero que a mí me encantaban y me parecían tener mucha clase. Entonces, tras la compra,el dependiente me detuvo dejando escapar de sus labios aquella adulación. Mi autoestima saborea el recuerdo, que sabe a fresas dulces y a sol, liviano como si mis zapatos me hubiesen hecho bailar y levitar por las aceras.

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No me gustan las personas que sólo ofrecen su cuerpo y escudan sus carencias con su físico y compiten contra otros físicos inmersos en su propia ley de la selva. Me gustan las personas tras cuyos cuerpos se halla una mente que merece la pena conocer, que se alegran de coexistir con otras mentes geniales a descubrir por igual, que les inquietan y fascinan. Me gustan las personas con dignidad y personalidad, quienes no solo conocen la recreación frente al espejo o el sexo despojado de amor, quienes aceptan la imperfección y viven apasionados, y reflexionan, y sueñan aquello que les haga sentir libres y realizados.

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El sábado acudí al CICUS a ver una pieza de teatro: “Muda”. El argumento no me atrajo especialmente. Por el contrario, ante aquella mujer que rechazaba la escritura y la música para comunicarse, que ni si quiera asentía o negaba, a la que bombardeaban con historias de vidas ajenas que escuchar (siempre escuchar)… ante aquella mujer me sentí furiosa y frustrada. Estaba deseando que llegara el momento en que vomitara todas las palabras que no podía pronunciar, para liberarme, deseando que llegara el momento en que su silencio quedara destrozado, en que se diera golpes contra las paredes, en que comunicará con su cuerpo aquello que decir no podía en mitad de una vida de ruido, ruido y más ruido.

¿Cuánto te pareces tú a esta mujer?

(Fotografía: conservo mis zapatos. 16/07/2012)

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