Archivo mensual: agosto 2012

Dos vidas en un instante

En mi ansia de desarrollar las capacidades más vitales y creativas, en mi ansia de introspección, de que os detengáis y entonces no os de vértigo mirar y caer hacia adentro para que os sintáis vosotros/as mismos/as en esto que llamamos realidad; en este deseo a veces me pierdo en mis posts. Este deseo que creo imprescindible, pero que quizá requiere en ocasiones abandonarlo para ser concisa, para hundir el dedo en esa espinada roja que inevitablemente atrae a los glóbulos a abrir un pequeño goteo de sangre en la tierna yema del dedo.

19 años son los que a estricto juicio de esta inventiva humana que se llama tiempo he vivido. No importa. La edad es un mero dato que sólo interesa a los mayores-diría le Petit Prince de aquel primer post con que inauguraba mi perfil en Julio de 2008-. Estamos todos dentro del anillo de la experiencia. En cuatro años cambian muchas cosas. Y de nuevo, cuestionando al artefacto de las horas, me atrevo a decir, en un segundo, en una decisión, en una vuelta de esquina o un artículo de periódico puede cambiarte la vida. Esa vida que está por encima de todo, siempre laboriosa. Quien cambias eres tú que en ella estás como en el aire, con las cosas, entes ontológicos, como en el agua de la que sales empapado, como en el agua que de tu mismo organismo forma parte vital.

Desde el momento en que mi madre me llevó a ABB pudo haberme salvado. O quizá no. Quizá mis berrinches y pataletas, que afloraban fruto de mi destructivo dolor, abnegación e incomprensión pudieron haber sido más fuertes. ¿Cambió mi mundo de tuerca, el carrusel de sentido, cuando dos pacientes bajaron de aquel 4º piso de Fernández Ribera a empatizar conmigo, a consolarme e instarme a mirar por aquellas ventanas que rodeaban el verdadero espejo al que debía asomarme horrorizada mas atisbando que allí, bajo la delgada y macilenta piel aún quedaba Sandra, aún quedaba una niña de mirada clara y sonrisa afable? Hubo unas horas de tranquilidad, luego de asfixia y de vuelta al gueto, a mi cuevita de la que todos querían arrancarme, en la que yo era la heroína que iba lanzada a la muerte sin ningún pretexto, sacrificándome ni por mí ni por nadie, sino en nombre de la burbuja-caparazón que me aislaba del incomprensible mundo al que yo había querido abrirme, pero que estaba repleto de fanático consumismo-apariencia-estéticaenfermiza-nopensarsentir-misexigencias. Sí, así se llamaba el cartel publicitario con que esta heroína iba a estrellarse en uno de sus vuelos acrobáticos y triunfales.

Quizá este blog sea esa puerta que atravieses y cambie tu vida. Es por eso que tras cuatro años sigo escribiendo en él. Creyendo en el blog-puerta, en quienes lo atraviesan, en ese “lo que más me gustan son mis ganas de vivir” de la presentación que escribí al inicio de este viaje y que un año o dos antes habría mutado, habrías leído en mi cuerpo y desesperación su antítesis, el “quiero morir”, “quiero desaparecer”, “dejadme” yacer en la cuevita, dormir en la cuevita hasta que ya no haya ni fuera ni dentro ni gueto ni luz, ni espejo, ni…

Un gran cambio gestado por pasitos pequeños y temerosos, otras ocasiones por temerarias zancadas, retrocesos, saltos a la yugular del feroz león del exterior y también aceleradores ocultos en la cotidianidad y en el grupo de autoayuda para poder escapar del felino rey de la selva y avanzar, y seguir con los pasitos subiendo y bajando tu senda, de acá para allá entre la camaleónica y transitada selva de asfalto y la amanecida y sosegadora playa de tu mirada.

Palabras-puerta, palabras-puerta, palabras-puerta…

 Scroll hacia arriba