Archivo mensual: septiembre 2012

Nada es nunca normal y corriente

La normalidad es una ficción creada por el ser humano para que ninguna oveja salga del rebaño a descubrir que hay más allá de su cerquita, para que ninguna cuestione lo moralmente sensato o lo prohibido, lo bueno o lo malo, la lógica del temperamento y el impulso. Ser corriente puede ser a su vez una trampa, la silla de ruedas, la soga al cuello, el deseo de ser transparente en lugar de policromáticos. Eso se llama miedo. A veces, también ostracismo.

La vida es corriente FASCINANTE. Mi día a día está lleno de encuentros y extravagancias. Sólo hace falta echarse a la calle e inmiscuirse en la vida.

Hace unos días, por ejemplo, acabé hablando horas y horas con el librero de El Principito. Me hizo algunas recomendaciones y terminó obsequiándome con un libro: Mr. Vértigo de Paul Auster (sospecho que cuando lo acabé os hablaré de él). Y ¿de qué hablamos? Pues de aquellas personas que se presentan en nuestras vidas para “decirnos algo” de nosotros mismos, de cómo conoces a las personas a través de los libros que escogen, de aquellos otros rostros que observas en la calle desde la librería. Cuando detectas alguno de enfado adivinas el vórtice en que está obnubilado y que no le deja escapar de ese estado que va a arruinarle toda la jornada. Te dices a ti mismo que si te hallaras en su situación cambiarías el chip, escapando de tu empecinamiento. No obstante, caerás a veces y otras te alegrarás de ganar la victoria al mal humor.

Yo por mi parte, combato las pequeñas melancolías con mis proyectos. Mañana conoceré a mi nuevo profesor de Proyecto, Juan González Mariscal. El viernes correré con mi hermano la carrera nocturna. Y estos días me estoy poniendo al corriente en cine y reduciendo la lista de grandes películas que tengo pendientes por ver. He instaurado las noches de los miércoles de Home cinema. Estoy feliz de estas pequeñas iniciativas como de otras. Por ejemplo, las escapadas que hago junto a mis amigos a mis  “garitos” preferidos de la ciudad (El perro andaluz, La bicicletería, Los Corralones, FunClub…), esos pequeños cafés-bar surrealistas y espontáneos, con una polifacética decoración, en que artistas independientes tocan su música, su poesía, su tragicomedia.

De todas estas cosas estoy disfrutando y puedo hacerlo porque me encuentro bien, preparada para poner atención a las que llamo irónicamente mis incumbencias.

Usualmente, cuando una reflexiona, lo hace acerca de cosas tristes, conflictos, angustias que la afligen. De estas meditaciones han surgido textos de nostalgias en honor al anacrónico mito del artista trágico. Sin embargo, mi realidad está lejos de todo romántico modus vivendi, de todo prejuicio social, y  la mayor parte del tiempo tengo motivos para reír y sonreír. ¿No es ese el legado que quiero dejar? ¿La esencia de la alegría? He comenzado ya a sembrar mi herencia con este poema:

Oda al nuevo día.


Despiértame con el trigo,

con la escondida hasta entonces

sonrisa del sol

.

Despiértame con mil colores.

Cantando despiértame.

Con un beso de tus ojos

despiértame

.

Con un nuevo comienzo.

Despiértame con la estrella,

con la pluma,

con la llave…

.

Recuerda, hoy igual que ayer,

mañana como hoy

despiértame,

…que yo quiero despertar.

De vuelta de las vacaciones

Un mes de descanso. Un mes de diversión. Un mes de experimentación. Playa, piscina, salidas nocturnas, baile y conversaciones matutinas, escritura, barbacoas, películas y relax… Esta desconexión ha sido un regalo para mí, agotada por el curso académico, y aquellos que disfrutan conmigo haciéndomelo saber. No ceso de valorar a cada instante el ser autónoma, tanto como los pequeños detalles, como tumbarme en el césped mientras espero al autobús para encontrarme con Sara. He quedado con ella para hablar y compartir ideas acerca del librito que estamos tratando de organizar las bloggers junto a ABB. Hemos recordado juntas varias anécdotas, así como talleres de teatro que nos marcaron o hicieron reflexionar-disfrutar.

Ambas hablamos de la función del psicólogo en el papel de la curación. El psicólogo -concluimos- es un guía en el proceso de curación, pero no es un milagroso remedio. Se trata de tu mente. Se trata de que sólo tú puedes cambiar o conocerla. Se trata de tomar con sabiduría las herramientas que el psicólogo te ayuda a identificar. Sólo tú puedes asomarte al espejo, sólo tú puedes abrir las ventanas.

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Otro tema importante del que hablamos es La recaída. Hay un cierto pudor y vergüenza o sentimiento de fracaso a hablar de este tema. En cierto modo es por el constante hincapié que ponemos en trasmitiros que “se sale de esta”. Es cierto, yo creo en la curación, pero -le decía a Sara- el trastorno alimenticio no se trata de un interruptor con opción al OFF. Estamos trabajando con nuestra mente, con nuestro modo de sentir, con los conflictos que no sólo nos vienen dados sino que nosotros mismos generamos. (Sí, nos han enseñado desde pequeños a añadir más problemas a nuestra lista).

Por estar trabajando con nuestra mente, nos proponemos conocerla, conocernos. Sabemos que nuestro malestar, nuestros conflictos, nuestros sentimientos, los hemos manifestado mediante el cuerpo, exigencias y desequilibradas dietas alimenticias. Tras ver objetivamente el extremo al que podemos llegar, esa asoladora centella que demole la vida, tras haber conocido el bienestar de la recuperación, las herramientas e instrumentos-guía, la independencia y el disfrute de los placeres de nuestra única oportunidad de vida y las relaciones que se nos brindan allá, en el exterior de la cuevita, es muy difícil que una retorne a ese estado de destrucción. Es a esto a lo que le llamamos curación, a la conciencia de que una no desea volver atrás, a la conciencia de la buena vida, a la conciencia de esa caja de herramientas invisibles que todos llevamos en la mano… Bajo la luz de la ilusión y las aspiraciones en que volamos nuestra cometa de libertad, no deseamos zozobrar en la tempestad.

Ahora bien, nuestra mente es la nuestra, nuestro modo de sentir es el nuestro. ¿Quién dice que en el momento en que debamos atravesar una tensa circunstancia, un chispeante nubarrón, no aparecerá esa tendencia a comunicar con nuestro cuerpo el malestar, ese sentirnos inseguros con nosotros mismos y exigirnos y dudar como a nuestro alrededor les sucede a otros que, sin embargo, no lo comunican del mismo modo? Pues sí, puede suceder, pero ahora bien, llevamos nuestras herramientas-guías, legado del constructivo pasado, llevamos un recuerdo-abismo que no queremos descender, un recuerdo-Sísifo que rompimos para alcanzar la cima, para abandonar allí la roca que nos oprimía y no era sino generada por nosotros.

La recaída no es un fracaso. No tiene por qué suceder, pero ante la posibilidad de que ocurra, háblalo con valentía, sin demora, sin tabúes.

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Me despido ya de vosotros/as, lectores/as, con los propósitos de este nuevo año académico: ser espontánea, valiente, emprendedora, responsable; ser exigente en su justa medida, conciliadora; continuar buscando mis espacios, mis intervalos, mi descanso, mis placeres; continuar aprendiendo, buscando, valorando, preguntándome…

Larga lista. Ya os iré contando. Un fuerte abrazo.

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