Archivo mensual: noviembre 2012

Reflexiones V

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Quiero que existan las personas que amo, ya sea junto a mí o en la otra punta de este resquicio del universo, de este planeta con estrella. Es decir: las amo no por el privilegio de que ellas me amen o porque espere nada a cambio, sino que las amo porque deseo que existan, deseo que sean, y ese pensamiento-sentimiento es algo que “me pertenece”. Soy libre de amar como de colmar mi existencia de odio o resentimiento.

¿Por qué puedes amarlos tú y, sin embargo, ellos sólo te pueden amar porque seas guapo/a, perfecto/a, aparente, inteligente…?

Creerás un día que se apartaron de tu lado o se volvieron hoscos porque no eras ninguna de estas cosas cuando realmente se alejaron porque no les dejabas que te dieran el amor que ellos reservaban para ti.

¿Por qué no dejas que te amen como tú los amas?

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Me viene la regla y es un alivio ahora que me siento bien y sana porque poco me importó cuando mi cuerpo inteligentemente prescindía de ella. He aquí otros de los síntomas que puede ayudar a identificar el TCA. La ausencia menstrual puede estar ligada a problemas hormonales, no es necesariamente sintomática, pero puede evidenciar una falta nutricional.

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No sé de qué modo llegamos a aquella conversación, pero M. me dijo algo así: -Para protegerme del mundo fui levantando barrotes a mi alrededor. Ante las cosas que me dolían, un barrote; luego, un nuevo barrote… Hasta que al final me di cuenta: a mi alrededor, uno a uno, habían formado mi jaula y lo que había dentro era mucho peor… Si lo conocierais comprobaríais que os halláis ante una persona más que espontánea y alegre , lo que demuestra que todos lidiamos con nuestros propios miedos.

M. se encaprichó del formato de libreta en que dibujo como escribo lo que pienso: un A6. En la portada de mi libreta se lee “I am an artist”. Llevo una veintena de páginas rellenas, pero se la di. Sí, se la di porque M. es una persona que aprecio, como un niño incluso y no por ello menos responsable (de hecho, forma parte de la delegación de mi universidad). Se la di por el propio placer de dársela, por el placer también de que la hiciera parte de su “vida material” (y quien sabe si algo más por su contenido) y, pensé: de qué me sirven las cosas que tengo si me atan, si no puedo hacer con ellas lo que quiero o no puedo dárselas a las personas que quiero.

Hay que comenzar a quitar esos barrotes que nos aíslan del mundo que nos afecta empezando por lo que hay dentro de la prisión construida.

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Cuántos habrán reparado en la cicatriz que tengo en la rodilla, una gruesa y alargada cicatriz que la atraviesa completamente y apareció una mañana de mi infancia en que yo saltaba en los corrales de la playa cuando resbalé a causa del musgo y me abrí el labio. Mi labio guarda una cicatriz imperceptible mas, en mi rodilla la marca se aprecia claramente. La verdad: siempre me ha gustado porque es la señal de un hermoso recuerdo, de mi carácter osado y aventurero. Seguramente si la caída hubiera sido más dramática no estaría relatando esto. La historia, afortanadamente, ya está escrita.

Cuando me preguntan por la cicatriz siempre cuento la anécdota y añado lo mucho que me gusta. Entonces, mi receptor me mira un poco excéntrico, pero luego mira la cicatriz

… y sonríe.

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Además de las palabras la música tiene un gran poder curativo y de influencia. Cuando conecto con una canción alegre me siento muy optimista y cuando la música es más triste, interiorizo y demando algo de privacidad.

Hoy acabo mi post con dos de mis canciones favoritas. Escuchadlas cuando os lo pida el momento. La más alegre: “Little Talks” de Of Monsters and Men; la más lírica: “Soft back stars” de Antony & the Johnsons.

La medicina más eficaz

Hoy, quiero hacer un guiño al humor, la crítica mordaz, ese genio que tanto me oxigena. El acto de reír segrega endorfinas y encefalinas que contribuyen a nuestro bienestar, pero también depara y aporta energía para afrontar lo que nos desalienta y abate. La carcajada se traduce, se iguala y equivale a la dosis empequeñecedora de nuestros problemas y se constituyen en un remedio tan válido como las reflexiones. Considero primordial para una vida sana una regadera de exuberante humor.

Ayer viví uno de esos momentos en que no puedes parar de sonreír y te sientes sincera y completamente feliz, clarividentemente satisfecha; uno de esos momentos que deseas retener en tu memoria porque reconoces que se trata de una maravillosa fuente que mana optimismo y vitalidad. A mí hermano Alejandro le habían quitado al fin sus brackets (aparatos de ortodoncia) y deseaba invitarnos a cenar. Yo andaba en la universidad cuando recibí su llamada y enseguida acepté ilusionada la invitación porque son escasos esos ratitos que pasas junto a tu familia cuando estás estudiando y ellos trabajando. Lo pasamos genial en la comida, fuimos a un sitio nuevo y compartimos platos, placer y conversación. Y no, no voy a hablar de la ausencia de rigidez, ni del diálogo, sino del regreso, cuando le rogué a mi hermano en la entrada de la urbanización que me diera las llaves para correr a casa y evitar el gélido viento de la noche. Entonces, Alejandro comenzó a correr delante, a mi par. Lo vi girarse y gritar atónito y eufórico, con la boca abierta. Miré hacia atrás. Mi madre corría como nunca antes había visto. Gonzalo, quien se había quedado atrás, inició su spring adelantándonos. Aceleramos por la vacía y sola calle principal del barrio. Era ya medianoche y trotábamos y reíamos a carcajadas en aquel episodio surrealista de nuestras vidas que resultaría incoherente a todas aquellas calculadoras mentes que se ponen cárceles. Sí, supe que jamás iba a olvidar, que siempre recordaría ese momento. El diafragma me daba punzadas de felicidad.

Es necesario buscar la gracia a lo que nos sucede, es una gran ayuda presente incluso en esa etapa en que pasas por el TCA. Mis propias compañeras memoraron en mi alta la ocasión en que salimos a un karaoke y un autobús se detuvo frente a ellas desbordando el reflejo de sus cuerpos. En aquel período aún tenían tapados sus espejos para no dejarse arrastrar por la distorsión. Rápidamente llamé con aspavientos su atención sobre el más banal objeto que instantáneamente vi, lo primero que se me ocurrió, el semáforo en rojo, un brillante rubí engarzado a un bastón metálico sería una preciosa y falaz descripción. Creo que se rieron con mi ridícula apariencia (yo misma me mofé), pero era pura sinceridad, un intento de cuidarlas. Y hubo muchas otras anécdotas aún más divertidas y elaboradas como sencillas, tal fuera la ocasión en que encontrara, confundida como tupper por mi madre, una tarrina de cds entre la vajilla.

Este es uno de los imprescindibles ingredientes de mi vida que atesoro: el HUMOR.

Una medianoche de otoño cada una de las personas sobre la faz de la tierra continuaba su vida o reposaban sobre su lecho mientras en un punto concreto del globo: Sevilla, Spain, 41020; cuatro personas rodaban como torbellinos y volaban por una calle residencial, lo cual quizá no importase a nadie más que a aquellos que jamás podrían olvidarlo, quienes reímos como cosacos y desentrañamos el secreto de la más sencilla felicidad: reír juntos.

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