Archivo mensual: diciembre 2012

Reflexiones VI o Cuestiones de conciencia

Hace unos días salí de noche a un pub de la Alameda, el Fun Club. La mejor música de todos los garitos en que bailar. Un chico me alzó en brazos y resbalé de entre ellos. Caí de una altura de dos metro sobre mi cadera. Mis amigos me rodearon instantáneamente con múltiples expresiones en sus rostros, desconcierto, preocupación, irascibilidad… Me levanté riendo y todos se destensaron. El chico no dejaba de cerciorarse de que yo estaba bien. Lo tranquilicé, pero cuando llegué a mi casa pensé con horror en el anecdótico accidente:-Pude haberme desnucado o acabado sobre dos ruedas.

Hay cosas que por suerte pueden arreglarse, que eres capaz de identificarlas, pero otras son por siempre irreversibles y no se ven venir. Creo que merece la pena echarle ganas a los cambios y a las mejorías, espolear y avivar nuestra voluntad porque por suerte esos son los pequeños milagros que podremos perpetrar. Siempre habrá para ellos solución, una camino de salida (EXIT!), una puerta que dibujar.

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“He decidido ser feliz porque es bueno para mi salud” (Voltaire)

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Tengo muchos planes estas navidades: quedar con amigos que hace tiempo no veía, ir con R. al cine, hacer un trabajo para la asignatura de Proyectos, disfrutar de una noche de música en La bicicletería, hacer puenting el 30 de este mes…

Cuando dejaba que la anorexia me ganase la batalla mi vida se había reducido al absoluto plan de no comer nada y mantenerme hiperactiva. No sólo era estresante, enfermizo, destructivo o insostenible, sino que era lo único que rondaba mi mente 24 horas. Si lo llevaba a cabo, me acostaría ese día “feliz”, aunque con algo menos de vida (qué importaba). Así día tras día. Noches despertando para hacer flexiones y llevar a cabo rocambolescas manías a las que la enfermedad me ataba y hacía adicta.

No puedo renegar de esa mutación que sufrí durante año y medio intensivamente porque me sucedió, a mí, a la que ahora os habla, pero muchas veces me he echado en cara cúanto me perdí. Lo peor es que la culpa no sirve de nada. Soy quien soy ahora como producto también de esta vivencia que en su mejor cara de la moneda (si la tiene) me ha hecho crecer, reflexionar sobre este episodio y ansiar el disfrute de lo que ahora es la verdadera totalidad de mi vida.

Ayer despedí a mis amigos de universidad que retornan a sus pueblos. Mi mejor amigo me obsequió con un libro: “40 grandes artistas retratan a sus amantes” (Ed. Blume). Me encantó el sugerente título y la empatía de la que disfrutamos. No puedo imaginarme perdiendo estos momentos juntos a ellos; momentos que antes eran un futuro borroso, incierto y realmente oscuro; momentos que ahora, sin embargo, va coleccionando un fantástico álbum de recuerdos, un pasado que avanza segundo a segundo, pero que ya no es merecedor del miedo o la incertidumbre de mi integridad.

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“Una parte importante de la curación consiste en querer ser curado” (Séneca)

Recuerdo el informe resultado del diagnóstico a mi inicio en ABB: Anorexia nerviosa purgativa. ¿Qué era aquel nombre tan feo? Desde luego -pensé- aquello le podría suceder a muchos otros, pero ¿a mí? A mí no me sucedía nada de eso, todo era una gran bola que se “había montado” mi madre, nadie me dejaba vivir tranquila, se habían confabulado en mi contra y querían ponerme muy gorda porque eso era la normalidad para ellos cuando mi cuerpo estaba perfectamente y todos aquellos gritos que sonaban en mi casa y todos aquellos sinvivires eran fruto de las obsesiones fijadas en mí de quienes me rodeaban.

Me llevó tres meses aceptar el hecho de que estaba enferma. Lo bueno es que luego, cuando me percaté de que no era libre, quise recuperar las riendas de mi vida y todo fue subir peldaño a peldaño las escaleras que hacia la devastación había estado descendiendo y, en relativo escaso tiempo ya había retomado mis estudios y mis amistades. Cambios abismales se producían día a día con cada ápice nuevo de conciencia sin que yo me percatara.

Y pensar en lo horrible que me sonaron aquellas tres palabras… Estaba segura -pensaba-, me querían meter junto a los locos.

(Fotografía: 1. Inscripción grabada en un puente de la ciudad de Gante que atraviesa el río Scheldt. 2. Una de las fotografías del libro citado. Máscara de Camille Claudel, h. 1884 Yeso. Musée Rodin, París.)


Buscando huequitos para escribir

La vida son etapas y en esta etapa de mi vida soy prácticamente una ocupa en la universidad. Para aprovechar al máximo el tiempo y la concentración me quedo la jornada completa con los compañeros de turno. Mentiríamos si negásemos que no nos lo pasamos bien. El trabajo juntos se hace menos cuesta arriba y cada cierto tiempo hacemos un descanso, desconectamos y charlamos. Las necesidades pasan completamente a un segundo plano a pesar de no quedar desatendidas y disfruto más que nunca de compartir la hora de la comida con ellos. Hacer vida independiente sin dejar de conceder a  mi madre esos ratos en que disfrutamos juntas porque estamos bien  me ha ayudado en gran parte a regular mis hábitos y sentirme en equilibrio, como a ella a atender sus planes y relajarse, confiar.

Al final, el equilibrio es el que habla de tu salud, opino. Ahora que comer se ha vuelto una costumbre que asocio al disfrute siento que mi cuerpo me lo agradece, así como que jerarquice mis prioridades y mi cuidado esté siempre un escalafón por encima de mis estudios. Porque si no me cuido llegará un momento en el que no pueda hacer las cosas que amo o me propongo realizar. El equilibrio puso fin a las subidas y bajadas de peso pronunciadas. Mi sabio cuerpo se mantiene (como mi mente) y esto es algo que siempre, incluso aunque me concedieran el alta, me costaba asumir porque en época de exámenes el estrés y los nervios me jugaban malas pasadas de las que yo me posicionaba errónea e irresponsablemente ajena.

Ahora, sin embargo, salgo una noche que te trastoca todos los horarios de comidas como me levanto, abro el frigorífico y tomo lo que me apetezca, soy capaz de no dejarme influir por comentarios de dietas y cuerpos porque me conozco, a mí, a mi cuerpo, mi autoestima y sé que la unica persecución que he de hacer es la de la estabilidad, la tranquilidad, la salud.

Pero, este post no quiere ser un alegato de lo bien que ahora pueda yo encontrarme, ni tampoco ha querido caer en el tópico del post navideño ante vuestros peores temores. Este post, sin embargo, quiere transmitiros:

También yo he dependido de las simples miguitas que se quedaban en el plato o de la servilleta con restos de comida.

También yo me he llevado días enteros pensando en calorías y pesándome decenas de veces, tirando comida, hiperactiva o ansiosa.

También yo me he visto delgada un día y al día o momento después gorda.

También yo me he exigido ser la chica ideal y perfecta, asociando la delgadez a este calificativo.

También yo me he excusado para no salir y perderme un festín, aún habiendo no comido nada en horas e incluso días.

También yo me he comparado sintiéndome bien cuando salía ganando y deprimida cuando salía perdiendo según mi escaso juicio, a pesar de que continuaria reprochándome que no era suficientemente buena, delgada, bonita…

También yo he mentido y manipulado.

También yo…

Y mira donde estoy ahora: haciendo desde hace 4 años la vida natural que jamás creí que recuperaría, deseando que lleguen las fiestas con los míos, la noche en que celebre con mis amigos una temporal despedida navideña y vista el traje que me he comprado para la ocasión. No puedo entender ahora cómo caí tan profundo, pero si puedo entender que si yo he salido (y mira que yo me iba a morir), tú también puedes, que si a mí me han ayudado, a ti también te ayudarán, que si yo ahora me doy la oportunidad de que disfruten conmigo como me siento merecedora del amor que recibo, también tú eres capaz.

Yo he sido todos esos también y muchos otros,

hasta que “vuelta a la vida” (como se titula, por cierto, una fantástica canción de Roque Baños), no perder ni un segundo más, al ahora y no al ayer.

Yo he sido todos esos también. Yo he sido tú. Ahora soy yo. Es hora de que te des la oportunidad de ser una persona auténtica, de que dejes de ponerte frenos y trabas en el viaje, de que la bulimia o la anorexia te teman más de lo que jamás tú las temerás a ellas porque… tampoco yo creí que hubiese una salida. Ya lo dije en mi primer post, al inicio de esta iniciativa-blogger: A veces no hay que golpear la puerta con fuerza porque la puerta, realmente se abre hacia adentro.

(Fotografía: tomada del blog Pensamientos 2 Pi)

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