Archivo mensual: marzo 2013

¡100 entradas luchando por dar esperanza!

Cuando comencé a escribir en 1espejo1000ventanas escuché que éramos una iniciativa pionera que combatía los tantos blogs pro-ana y pro-mía, y a pesar de tener una noción vaga de lo que eran estos blogs, nunca me informé realmente sobre ellos. Sin embargo ayer sufrí un desencanto profundo e impactante, un pesar carente incluso de impotencia (esta vendría después) cuando navegando en la web y saltando de link en link me tomé por vez primera con uno de estos blogs.

Jamás había accedido a uno de ellos, donde la persona en cuestión previene de no desear ser la causante de la enfermedad de nadie porque ella emplee ese medio para descargarse; una contradicción puesto que el afán de publicar lo que escribe en Internet en lugar de reservarlo a su ámbito personal y exclusivo sólo puede venir motivado por el afán de crear una comunidad que comparta sus ideas -así lo entiendo o así se desprende de lo que escribe-.

Hay atroces e irónicas metáforas que muestran la insalubridad y la confusión en que se halla sumida su mente (refiriéndose a la comunidad como “princesas” y a las barbies como “reinas” de las cuales ellas son vacas esclavas. Todo me parece tan demencial y surrealista que llego a preguntarme si estando yo mal habría sido capaz de engancharme a un blog dirigido por unas ideas tales, pero lo que si que tengo muy claro es lo que difiere nuestra iniciativa en salud y en calidad humana y vital de blog de este tipo que instan a los lectores a no comer y a castigarse por sucumbir al apetito.

Y a pesar de todo esto, no puedo condenar finalmente a la persona que escribe este blog inconsciente de la repercusión y el mal que puede causar en personas que están empezando a padecer los síntomas de la enfermedad, personas vulnerables o aquellas que, por el contrario, están a un paso de decidir cambiar su detrimente forma de vida para intentar recuperarla… y con impotencia ahora anuncio que no puedo por la sencilla razón de  identificar ese proceso de derrumbe que una vez yo experimentara en frases como: “Estoy muerta por dentro”, “estoy demasiado mal para seguir viviendo”, “no tengo ganas de vivir”…

Pero a pesar de esta especie de clarividencia última acerca de la nula calidad de su estado la chica vuelve a consolarse en “ana y mía” como si fueran las única que la comprendieran. También yo creí que todos estaban en mi contra y en mi mente se proyectaba la enfermedad como una suerte de álter ego que me consolaba y me ataba al síntoma.

Tuve tentaciones de escribirle primero echándole una reprimenda y luego, en un tono más distante, juzgando su blog e instándola a que descubriera iniciativas como la que 1espejo1000ventanas lleva a cabo. Temo pensar que he dejado a una persona varada y que determiné que no habría salida para alguien tan sumido cuando yo pasé por un gran caos mental y despersonalización en la enfermedad; pero no pude escribirle, me dolió leer todas aquellas palabras enemistadas con nuestra vital propuesta de esperanza, y sentí la necesidad de salir de aquel blog inmediatamente por lo extravagante del universo y la perversa locura a la que se sustentaban todas aquellas letras oscuras que escarbaban más y más, desgarrándose las uñas en el hoyo.

Y la causa de que relate esto es informaros de que parte de nuestra labor consiste también en hacerle frente a este tipo de blogs, porque existen, en Internet, donde tú y todos navegamos diariamente, donde te prevengo para que si un día te topas con uno de estos blogs pro-ana y pro-mía lo evites y no te veas perjudicado/a por leer algo de lo que en el haya escrito.

ESPERANZA, SALUD, VIDA, AUTONOMÍA. Eso es por lo que apostamos quienes participamos en esta iniciativa, quienes sabemos lo que es estar atrapado en … y sin embargo, hemos salido de ello. Y de nuevo te recuerdo, lector, amigo, cómplice, si yo logré recuperarme, salvarme, recuperar mi vida, retomar mis proyectos con nueva ilusión; si hubo esperanza para mí; también la habrá, también la hay, para ti, para tu compañero/a, para tu  hijo/a, para tu hermano/a… ¡”No tiréis jamás la toalla”!

Tu sexualidad. ¿Placer o angustia?

Creo que en pocas ocasiones hemos hablado las bloggers de esta imprescindible reflexión que debemos llevar a cabo juntos por tratarse de un ámbito donde claramente emergen nuestras inquietudes e inseguridades y el cual repercute directamente en nuestro bienestar manifestando nuestro modo de actuar y de sentir. Quizá con 15 o 16 años, cuando comencé a participar en esta iniciativa, no estaba preparada para hablaros de este tema. La enfermedad hizo que detuviera todas mis relaciones sociales, que levantara un insondable insondable muro, una inmensurable barrera que separaba el mundo exterior de mi universo interior (en ostracismo). No tenía el suficiente equilibrio emocional para amar a otra persona cuando no podía siquiera amarme a mí misma, o amarme en la vida, en lugar de en la apatía y desconsuelo ante la vida y el dolor que me infligía pensar en la misma y en lo que había sido mi trayecto por ella.

Pero el no poder hablaros entonces de la sexualidad y sentirme con la suficiente confianza y seguridad como para hacerlo ahora me sirve para mostraros cómo ha participado en mi cambio y conducta el modo en que me he desenvuelto en esta índole. El sexo era un universo desconocido que me producía mucha inseguridad por mi inexperiencia e incertidumbre, pero sobre todo por ser algo que escapaba a mi control y que temía fuese mi asignatura suspensa cuando para ser deseada debías ser tan buena en ello como creías que eran las mujeres exitosas. Observaba y envidiaba a las chicas que trataban el tema con mucha naturalidad cuando a mí se me hacía algo inmenso que creía nunca afrontaría.

El haber pensado siempre que antes de estar con otra persona debía desarrollarme y preocuparme por ser yo la persona correcta, al tiempo que mi capacidad contemplativa me hacía disfrutar de la creatividad y la soledad, me llevaron a plantarme en los 18 sin haber vivido una relación de pareja. Ansiaba mi libertad, huía de las posesiones. Y también, sin darme cuenta y en la orilla paralela a mi desarrollo, existía una gran exigencia propia que estaba proyectando hacia un Él ideal e inexistente. Pero como toda persona, una vez logré ordenar mis ideas y dilucidar quien era (algo de lo que permanece en quien soy), una vez entré en la universidad conocer a personas particulares y diferentes me determinó a disfrutar de quien yo era como de las nuevas e interesantes relaciones que estaba forjando, despertó en mí la curiosidad por el sexo y en mi primera experiencia me asombré de dejarme llevar y de disfrutar, porque esto último, disfrutar y sentir placer, era lo que menos se me pasaba por la cabeza cuando pensaba en el sexo.

De algún modo me sentí más completa y liberada porque había logrado difuminar los límites que yo misma me imponía y aquella cosa inmensa que era el sexo se había vuelto algo más de la vida misma, un universo por descubrir para mi mente inquieta. El haber “sentido tanto” ya no consistía sólo en experimentar un gran dolor sino en “sentir tanto” desde todas las sensaciones vitales que despertaban en mi piel y en mi mente porque el sexo no es nada si se trata de dos cuerpos vacíos, pero es una pieza esencial a indagar si se trata de dos cuerpos y dos mentes pues la imaginación, la abstracción, el deseo y el amor se abrazan de un modo exclusivo e íntimo en cada humano que vive su sexualidad.

Pero con estas primeras experiencias llegaron también nuevas inseguridades que antes no me preocupaban del mismo modo. Alguna vez había rechazado una oportunidad con una persona que me estimulaba no sólo física sino intelectualmente por no sentirme ese día cómoda con mi cuerpo. A la luz la otra persona podía ver completamente mi anatomía desnuda y yo desconfiaba de si lo que viese le gustase o no, lo que no podía proceder sino de la inseguridad propia: ¿me gustaba a mí mi cuerpo desnudo frente al espejo? Si pensaba de este modo, yo no merecía estar con un chico de gran físico, yo estaba valorando sólo a un hombre por su físico, y yo le estaba dando la razón a aquellos que pensaban que una chica algo más rellenita no podía estar con un chico guapo y delgado si no era por otras consideraciones, y viceversa. No, yo no pensaba nada de esto en absoluto, pero es lo que se podría derivar implícitamente de mi inseguridad. Detestaba esa derivación a pesar de que sabía que nacía de mis propios titubeos, las dudas y la desconfianza ante el nuevo mundo que estaba aprendiendo, ante el nuevo lenguaje que estaba expresando a través de mi cuerpo, porque no se trataba ya de sexo con placer por fin, se trataba ahora de sexo por amor y ser rechazada por alguien por quien no sentía nada a pesar de ser algo que pudiera agredir mi autoestima no importaba demasiado, pero ser rechazada por alguien a quien amaba me producía un atroz pavor.

¡Y qué puedo decir más que reincidir en el arriesgar y dejarse llevar para cabezas como la mía que acostumbramos demasiado a darle mil vueltas a todo…! Yo deseaba que la persona a la que amaba sintiese todo el placer posible. Y me determiné a dejar de temer crear un lazo más íntimo por miedo a que se fuese a romper y ello me causara dolor. De algún modo este era un efecto causado por la muerte de mi padre cuando yo era niña. Lo había perdido y no podía soportarlo y me daba miedo amar, amar por si un día perdía a la persona que amaba, amar porque esto me causara dolor en el futuro.

Cualquiera se ha sentido inseguro, hasta esa persona que idealizamos y creemos que es imposible que se acompleje por su físico y desparpajo. Hasta esas personas tienen más inseguridades de las que imaginamos porque no se trata de tener o no tener, sino de aceptarse o no aceptarse. Eso es lo que marca la diferencia y la seguridad entre unos y otros. La seguridad que trasmitimos no se basa en tener un cuerpo 10 idealizado, sino en expresar a los demás nuestra aceptación, nuestro estima y la mirada de desparpajo y curiosidad con que sensiblemente observamos y profundizamos en lo que nos rodea.
Cuando conozco a un chico que me gusta emerge la duda “¿le gustará mi físico?”. Y es normal, nos pasa a todos. No es enfermo pensarlo porque es importante para nosotros el amor y la compenetración con nuestro compañero/a y hacer el amor con tu pareja es algo con connotaciones no sólo psíquicas sino carnales, que implican una atracción y requiere de confianza a varios niveles. Por experiencia puedo decir que lo mejor es que te dejes llevar y que arriesgues, que en el fondo todo no es más que un juego y que te sorprenderás a ti mismo/a al poder disfrutarlo sin tensiones cuando te des la oportunidad.

¡Ánimo! ¡Yo misma sigo investigando y mi autoestima, y mi aceptación, se han desarrollado gracias a la liberación que ha supuesto para mí vivir mi sexualidad con naturalidad y creatividad!

Un fuerte abrazo.

¿Cómo estáis?

Hace ya unos días que no escribía y quería contaros cómo me va al tiempo que incluir alguna reflexión que os mantuviera en acción, en ese proceso de cuestionarse uno así mismo y de preguntarse por quien uno es y no por qué tiene que cambiar el mundo para que yo pueda ser quien soy. Y en el título quería expresar mi segundo objetivo: en lugar de preguntarme cómo estoy, preguntaros como estáis vosotros/as.

Yo por mi parte muy liada con la universidad aunque siempre disfrutando de cualquier rato de descanso conversando y tomando algo con mis amigos. Este domingo cumplí 20 años (el mejor regalo: la fiesta sorpresa que me dieron mis amigas y una carta que me escribió mi madre, una de las personas que más me conoce, y que me emocionó mucho por su profundidad. Siempre auguré que esta devoradora de libros debiera escribir un día) y aunque parece impensable si me detengo un momento a escucharme me siento profundamente feliz de estar rodeada de menos cosas y de más personas a las que aprecio, de decidir que no vale cargarse piedras de más a las espaldas y creerse mayor como tampoco refugiarse en la infancia y perder el sentido de las responsabilidades, pues cada vez mi vida va forjándose en base a las decisiones que tomo yo y no a lo que me viene dado desde la familia o desde mi entorno.  Y en parte la paz y claridad con que puedo hablar de esto la he logrado gracias a haber creado esos nuevos vínculos exteriores a la familia, que forman ahora la que es mi segunda familia, la de las amistades verdaderas, la de los conversadores, la de los colegas para echar un rato, etc.

Eso me entusiasma a la vez que me inquieta. Entonces vuelvo en mí y me digo: estás en los 20, es lo que toca, vívelos, eso es lo que importa.  A veces siento miedo, miedo al paso del tiempo y a la muerte. Soy humana, soy sensible, a veces me siento loable, a veces me siento patética; lo bueno del asunto es que no quiero ser más que quien soy- y este es uno de mis mayores logros que me ha costado mucho conquistar y que me ha cambiado y aportado tanto más.

Hace unos días en el 20 minutos observaba yo el reportaje titulado “En mi piel” que una fotógrafa, Michelle Sank, realizaba a menores de 25 años que se sentían incómodos con su imagen, su cuerpo o partes de él. Entiendo que la cirugía estética y otros métodos proporcionen más calidad a aquellos que padecen trastornos dismórficos corporales e incluso que mejore el autoestima de quien cae en depresión porque tenga un gran complejo, pero me resulta frustrante que este negocio ascienda a la velocidad que lo hace -con aumento de labios, de pecho, con bótox, con rinoplastias, etc.- que llevan a los individuos sumidos en la vorágine de la artificialidad, la apariencia y la insatisfacción a correr el riesgo de entrar en la sala de operaciones, mientras que no se motiva el aceptarse tal y como uno, mientras una adolescente empapela su cuarto con pósters de cuerpos modélicos preguntándose si encajará en la sociedad en base a su físico (¿es tu cuarto tu refugio o cárcel?), mientras muchos desean mimetizarse con sus ídolos, mientras algunos humanos llegan a tal degeneración y suma de operaciones quirúrgicas que se deshumanizan y acaban teniendo rostros estirados e inexpresivos, estáticos (¿ken en el gim o barbie de shopping?). Me resulta frustrante que la primera opción de ocio de muchos sea salir de tiendas, a comprar más y más accesorios para el cuerpo que nos tapen, que no nos desnuden ante los demás, que construyan nuestra imagen y que hablen por nosotros.

El tema es ACEPTARSE como HALLAR el punto medio.

Cuando salgo de noche a una discoteca con mis amigas y me arreglo quiero y deseo estar guapa para gustarme a mí como para gustar a los demás. A veces me cambio varias ocasiones de ropa hasta dar con un conjunto con el que me veo realmente favorecida. ¿Es esto enfermo? En absoluto me lo parece. Lo enfermo sería que ningún conjunto cumpliera tus expectativas y por ello dejaras de salir y te encerraras en casa.

Bueno, hoy toca post rapidillo y dejar en el tintero ese “¿Cómo lo lleváis?” ¡Yo he cogido con muchas ganas los 20! Y he decidido aparcar arquitectura (cuánto he aprendido) para hacer el año que viene un año de arte (me apasiona). A todos ha sorprendido la elección, pero no he dejado que nadie me haga dudar porque la vida sólo se vive una vez y es lo que me apetece hacer como lo que demanda mi naturaleza. No quiero hacer oídos sordos, sino escucharme. ¡Puedes hacer lo que te propongas! VALOR, ENERGÍA, GANAS. Elígelo.

(Fotografía: Bailando rock and roll a orillas del Sena. Autor desconocido)

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