Archivo mensual: mayo 2013

La Belle Verte (El planeta libre)

Os dejo hoy, fugazmente, un fragmento de La Belle Verte (1996, Coline Serreau). https://www.youtube.com/watch?v=FkZBuTx13cg

“-¿Qué es esto que llevas en el bolso?
-Es una barra de labios.
-¿Y para qué sirve?
– Sirve para ponerlo en los labios, así.
-¿Es un medicamento?
-No, no, no. Es para hacerte más guapa, más sexy. Para gustar.
-¿Para gustar a quién?
-A todo el mundo.
-Eso tiene que ser muy difícil…Es como un medicamento que te lo pones para que lo demás te quieran, ¿no? Y si no te lo pones, nadie te va a querer, ¿no es así?
La humana se queda pensativa, mientras su compañera le pregunta por un papel que hay en su cartera.
-Y eso, ¿qué es?

-Esto son fotografías…De mis padres, mi marido y mis hijos.

-Ah, claro. Es la gente a la que quieres.
-Sí.

-¿Y porqué no se pusieron barra de labios?”

Dando respuesta

Es esta una imagen subida a Facebook por “Me encantan los buenos anuncios”. Demonizo en ella cierto dramatismo y exhibicionismo, pero extraigo la insumisión que muestra aquel que en lugar de quedar impávido ofrece su crítica y firma con cierto humor ácido. Vamos, ustedes como yo, a analizar esta fotografía al alcance de todos pues, tal y como “Alguien muy simpático” ha respondido al cartel publicitario, deberíamos nosotros dejar de lado el papel de meros espectadores ante lo percibido. Porque de ningún modo dejaréis de ver revistas con cuerpos extremadamente delgados que parezcan la promesa del éxito, tampoco dejarán de existir las dietas infernales que muchos se exigen antes del verano o la sección dietética en el supermercado, de seguro escucharéis comentarios superficiales en vuestro entorno próximo o una amiga rechazará mostrar sus piernas a través de unos shorts… La solución no es simular que todo esto no exista, creer que la curación es anular toda la presión procedente de una sociedad de consumo más que capaz de sacrificar su comercio ético; la solución es vivir sin darle mayor trascendencia, eligiendo lo que para ti tiene “valor” y percibiendo el mundo con espíritu crítico, sabiendo siempre cuál es tu proyecto de vida sin dejarte absorber por identidades creadas para ser representadas.

Hay que añadir que el argumento que proporciona el cartel resulta sobradamente una mentira. Gran parte de las fantasías eróticas que soñamos consisten en situaciones inverosímiles, ciertamente improbables e insospechadas o pudorosas; en ocasiones incluyendo a desconocidos que lejos de tener un cuerpo modélico resultan neutralmente atractivos, pero… independientemente de las posibles interpretaciones, lo cierto es que en los sueños, como en la vida, estas fantasías tienen un lugar especial debido a la enorme relevancia biológica, cultural, emocional y química que el sexo tiene entre los seres humanos. Multitud de psicólogos tales como Freud, quien afirma que estas proyecciones oníricas son mecanismos a través de los cuales saciamos nuestros deseos ocultos o reprimidos, y de escritores tales como Gillian Holloway, quien cree que nuestro acompañante representa ciertas características de personalidad que nosotros deseamos incluir en nuestra propia identidad, han debatido este tema intensamente.

No revelaríamos a nadie el contenido de estos sueños a riesgo de que los juzgasen obscenos. En mi opinión, su variedad no es sino una manifestación creativa a la que muchos artistas como Egon Schiele o Kokoschka han dado forma y que los escritores del realismo sucio, desquitándose de prejuicios, o James Joyce, en las lascivas y explícitas cartas que escribiera a su esposa Nora Barnacle, han encerrado tras sus palabras.

Es apabullante percatarse de que la publicidad ha dejado de ser sutilmente ingeniosa y ha hecho de sus mensajes algo superficialmente directo y banal. El mundo esta hecho para la gente guapa en lugar de para la gente humanamente sensible e inteligente- transmite este cartel-. Compra cremas, ropa, cirugía, fragancias, que hagan de tu cuerpo algo bonito, como un objeto más en exhibición, para ser aceptado, admirado y amado-así lo traduciría quien vulnerablemente no cultiva su pensamiento crítico-.

En el margen derecho de Facebook, donde encontramos algunos disparos publicitarios veo un anuncio del Dead or Alive, un videojuego de voley playa para XBOX al que solía jugar de pequeña. Lo comento porque es de esos contenidos por los cuales crees que jamás te dejarías influir, pero que de algún modo se instalan en el contexto cultural que percibes, y que mostraban a mujeres esculturales. Esta foto de una norteamericana que ha querido representar la desproporción que supondría trasladar las medidas de una barbie a la realidad, muestra muy bien lo nocivo que son esos estereotipos irónicamente a la sombra de los juguetes y que bien podrían plasmar a aquellas mujeres que exhibía el Dead or Alive.

Y, de nuevo, retorno a mis anteriores aclaraciones para pronunciarme no en guerra con el contexto histórico-social-cultural que me ha tocado vivir, sino para fomentar la capacidad de elección para saber qué tomar de un mundo en que toda la información cae sobre nosotros en una constante avalancha en que tú decides con qué te quedas y qué dejas fuera, qué te interesa y qué no.

No me gustaría volver a oír que una becada se ha gastado el dinero por el que personas desesperan en unas tetas nuevas.

Bajo la piel

(Fotografía extraída de la película Stalker, de A. Tarkovski)

Hay días que me sucede, me siento triste sin motivos, melancólica y nostálgica. No sé ser. Me voy quitando piel tras piel. Dejo la invisible piel, la de la persona que seré, en un extremo del sofá, y justo al lado me desquito de la piel visible, de la capa superficial, la del “yo”, esa ficción que cree poder aunar en equilibrio el cúmulo de sustancias inmateriales que me componen, la de la máscara, la del mundo actual, la del universo interior… Más allá del extremo y junto a esta última, dejo la siguiente capa, que se aparece ante los ojos con toda claridad, y aquella otra también conocida y algo parecida a mí, y esa otra de los ocho años pálida y temblorosa, o el pájaro y la flor de los 5…

Así llego al otro extremo del sofá y me he hecho muy, muy pequeñita. Tanto que siento que aún no he nacido. Y como no he nacido aún siento también que no me falta nada. Tampoco conozco aún el dolor o la felicidad, la memoria es un vaso vacío, el amor es un hombre sentado frente a mí con los párpados cerrados y la boca cosida. La angustia o la euforia de existir aún no han agrietado la paz de la nada, la paz de esta matriz gaseosa

Cuando la conciencia me abofetea y los límites de mi pensamiento construyen la jaula de esta libertad vuelvo a la realidad del espacio y del tiempo, a estar sentada en el sofá de mi casa, donde no quedan restos de ningún museo de antiguallas o de estatuas. Vuelvo a la realidad y siento esa presión en el esternón, como si hubieran estrujado, hincado, hundido una llave en dicho punto y la hubieran girado y girado, como si hubieran sacado la llave y la imposible regeneración hubiera dejado un vacío en mi cuerpo.

Me cuesta entonces respirar.

Mi máscara impone la inútil prohibición de llorar las veces  que más lo necesito. Acudo al espejo, intento resquebrajarla y permanece inamovible mientras yo me muerdo las ganas de vaciar mis ojos de esos sentimientos de piedra que se hunden en el río de mi identidad y de mi existencia.

*

Mi piel adolescente se sentía como yo hoy me siento perpetuamente y su pecho estaba plenamente agujereado. Quien fui, quien soy y quien seré, una personalidad que quizá acrecienta mi potencial de reflexión y de poner en crisis mis propias certezas, fomentaba este proceso de huida del dolor hacia  ese estado primigenio de inocencia y de burbuja.

Como adulta, en lugar de pensar que me he corrompido, cavilo y me reafirmo sobre mi voluntad de ser. Conozco ahora el pájaro azul de la felicidad y la yacida golondrina del dolor, conozco la nutritiva risa y el sabio llanto, la rosa y la ceniza, las raíces del árbol y la sombra que su copa vierte y derrama sobre mi frente, atravieso el día y la noche junto al viento que desperdiga y desordena el equilibrio de las formas de la naturaleza, y el amor me mira frente a frente con sus ojos negros y profundos…

Para poder seguir a bordo de esa travesía de reconocimiento del mundo y de descubrimiento de mi identidad, cuido mi salud física y mental, cuido el orden que rige mi desorden, me permito la espontaneidad de que días como los de hoy lleguen y motiven la lectura que hoy hago del modo en que siento o miro hacia ese universo con centro en mí.

…He dicho ya lo que quería decir. He dicho ya lo que quería compartir. A modo de conclusión: permítanse sentir la tristeza o llorar a  pesar de que reconozcan o no el motivo de su atraganto, de su asma; y si por el contrario reconocen que este estado se eterniza, sepan ustedes que han de tomar medidas contra dicha congoja pues si se van vaciando, quitándose la piel y haciéndose cada vez más pequeños corren a su vez el riesgo de olvidar no solo el dolor, sino las cosas por las que merece la pena despertar, abrir los ojos, vivir de nuevo una vez más…

No olvidarme de pensar que debo acordarme de recordar

Hace unas semanas, en la escuela de arquitectura, un profesor muy querido y llamado Félix Pozo, falleció. Yo no le conocía pero lo supe porque me encontré con M. Lo vi desde lejos, sentado en el patio, encorvado hacia el suelo y con los ojos cerrados. Estaba allí, delante de mis ojos, pero parecía estar tan lejos…

“¿Qué pasa, M.? ¿Te encuentras bien?-le pregunté.

Me habló entonces de Félix, aquel hombre que le inculcó el amor por la Arquitectura y que, fui descubriendo, era muy querido por todos en la escuela. Sentada junto a M. pensé en la belleza de aquel día en que el sol refulgía desde todas las cosas y el cielo tan claro sosegaba mi mente, y en lo injusto y desconcertante que podía parecernos después de haber recibido la malhadada noticia. Sólo quedaba pensar en aquel hombre tan querido como uno entre miles que viven de tal forma que logran tener razones para reír antes de marcharse y sentirse entonces obligados a brindar en honor a su vida.

Yo recuerdo los días no por lo que hice o lo que contemplé, sino por lo que sentí. Es por eso que a veces me da miedo olvidar los recuerdos. Algunos, he comprobado, se van a lo más hondo para asombrosamente reaparecer ante un detonante: un olor, un sabor, un deja-vú -cosas muy concretas-. En ocasiones olvido las imágenes de días inminentemente precedentes y me creo amnésica, Sammy Jankis. Aún así, hay cosas que jamás olvido aunque no sepa ya si las imágenes que vislumbro son inventadas por mi mente desde los pensamientos, interpretaciones propias y subjetivas, o si se tratan de fieles momentos capturados, mariposas en el museo de las breves bellezas muertas.

Lo vivido parece que nunca fue vivido y que de algún modo pasa del recuerdo a acomodarse en el sopor del corazón templado y cálido. Y el presente se construye y se derruye.

Hoy sin embargo, quiero hacer el esfuerzo de recordar, recordar por ejemplo el rostro de mi padre que tan indeleblemente ha persistido en mi memoria, el rostro de un niño blanco al que el mar cubre las rodillas, quien me mira y pacifica desde lejos. ¡Cuánto me hubiese gustado haberle mostrado la persona que soy! La parcela que él sembrara en mi jardín de ocasos es tan subjetiva como el tiempo transcurrido en dicha región de mi universo interior… y es por eso que mi mano infantil conserva cercenadas flores que de él tomara por el capricho de tenerlas en mi jardín secreto.

Esta ficción, mi invención que continúa pareciéndome algo puro y que no procede de la corrompida sociedad que nos transforma, proviene del reino de mi infancia, a veces idílico, pero siempre perspicaz. Aunque me haya complejizado con el tiempo y me haya llenado de dudas e inquietud, en ocasiones me simplifico, en ocasiones como esta en la que estoy sentada junto a M. sin poder pronunciar palabra alguna, pensando que somos nosotros quienes nos quedamos en la vida con el presente reto de no dejarla pasar de largo.

Aquí estaremos, disfrutando todo lo que podamos, ofreciéndonos a los demás hasta que llegue la hora de darle paso a otros que ojalá comprendan lo que nosotros comprendimos y ojalá sean tan felices como lo fuimos nosotros.


*

Madre, te toca el turno y no sé por dónde empezar ni como abarcar lo que te tengo reservado, el final de este post, el cierre de oro que eres tú por ti misma. Hemos sufrido tanto y nos hemos hecho tanto daño como nos hemos demostrado tanto amor…  ¡Qué dolor tan grande motivaba la atrocidad y cómo la atrocidad engendraba más dolor! … y cómo el silencio se hacia grito; el abrazo,estrangulamiento; el bosque, incendio; la libertad, soga; la lágrima, vacío; la fuerza, inanición…

He saldado mi gratitud mostrándote quién soy y tendiéndote las lentes con las que yo viera el mundo. ¿Te habrías sentido más afortunada habiendo compartido tu vida con otras personas? Nunca lo sabremos, quizá un día te lo pregunte a pesar de que preveo que juzgarás con severidad mi desconfianza y mis cuestionamientos que parecieran obstinados e infantiles. De lo que tengo la certeza es del despertar que has provocado en mí y de que los mismos momentos horribles que atravesamos merecen ser recordados porque son la muestra del infinito muro que escalamos y que nos dejó estás heridas ya suturadas. Ayudarme a dejarlo atrás nunca fue tu obligación. Sin ti, madre, jamás lo hubiera logrado. Gracias por tu generosidad.

*

Lectores frente a la pantalla, disculpad la introspección con que escribo hoy y… lo dicho, ¡qué la vida no pase de largo! “¡Qué el fin del mundo nos pille bailando!”

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