Archivo mensual: junio 2013

…y poder contarlo. El don de la elección.

A veces no soy consciente de que quienes llegan a leer mis post y los de las/os otras/os bloggers son quienes aún tienen ese “don” de la elección, o familiares, amigos, profesionales, interesados que buscan apoyo o información. Me aterra pensar que un porcentaje de quienes no nos leen son chicas y chicos a los que no les dio tiempo a acudir, porque el parásito de la enfermedad les consumía y no quisieron o porque no pudieron pedir la ayuda que necesitaban; chicas y chicos que no pueden contar hoy la entrada ni la salida de esta terrible vivencia que a pesar de todo te brinda algunas enseñanzas una vez retornas al pensamiento sano y en el proceso de recuperación. RECUPERAR: tu vida, tus proyectos, tus relaciones, tus sueños, tus hobbies…

Hace unos días me llegó un comentario en un post del 2008 “Días de playa”. Me escribía de forma anónima una persona dejando constancia de que una compañera suya durante el proceso de tratamiento había fallecido por un tumor cerebral, mas encomiaba y aplaudía la increíble mujer de la que se trataba y lo mucho que luchó hasta atravesar las primeras etapas del tratamiento. La enfermedad no le ganó la batalla, pero por desgracia hay enfermedades que no te dan la opción de elegir si entras o si sales, se imponen, sin distinción, a los soñadores, a los maestros, a los asesinos, a los mezquinos como a los benévolos, a los geniales como a los terribles, sacan de ti el mayor deseo de supervivencia porque si algo existe es esta vida que es apenas un viaje para escribirlo…

¡19 años! Qué de experiencias extraviadas en un libro al que de repente han arrancado las páginas y cuánto aún por conocer. Página en blanco que ha llorado sus letras de tinta. Mancha de tinta en el suelo, flor de tinta, primavera de tinta. Pájaros con alas.

¡Cómo te hace la pérdida mirar hacia aquellas cosas que cobran súbitamente importancia! Porque sólo nos queda aferrarnos con garras a su enseñanza. No quiero pensar en ella y llenarme de dolor. Voy a intentar pensar en ella como esa “persona increíble que luchó hasta el último momento”. Ojalá haya prendido la llama de muchas otras recuperaciones y que quienes la conocieran hayan empleado toda la fuerza que les transmitiera, ese último ejemplo, para salir hacia adelante, sacar de esa cajita que guardamos recelosos todos los miedos de ese mundo en que no dejamos que nadie penetre, al que escapamos, al que huimos; introducir en esa cajita nuevas palabras para nuestra historia…

…y poder contarlo hoy. Y poder sorprenderme ante el misterio de las páginas que se escriben en este preciso instante.

Si estás leyendo esto también tú puedes. ¿Tendrás siempre esta elección en tus manos?

Ojalá no sea demasiado tarde

no sea demasiado tarde

demasiado tarde

tarde

e

.

.ojepse la esrarim a opmeit ad sanepa Y .asap adiv al euqroP

ardnaS : odF

Escribo para vivir

Si hubiera sabido que hoy iba a morir

me habría detenido a mirar las cosas más de cerca

habría dicho ese último te quiero a las personas que amo

gastado todo mi dinero en invitar a un brindis a mis amigos

les hubiera ofrecido mi última lección

dicho las cosas que por temor no dije

pero también

habría huido al monte,

a contemplar el sol cayendo sobre todas las cosas,

sobre todas las cabezas,

mientras la nube de la noche reptaba lentamente sesgando las flores.

Si hubiera sabido que iba a morir hoy,

habría cerrado los ojos para viajar una vez más,

y habría concedido unos minutos a mi memoria

recordado los momentos más intensos de mi vida,

para despedirme así de la alegría y del dolor,

riendo, llorando

Habría dado por placer,

escogido un poema al azar con la esperanza aún de sorprenderme

reparado en mis juicios de menor benevolencia

hasta, quizá, intentar solucionar los problemas del vecino.

pero no quedaba tiempo

y yo no lo sabía

no pude dar gracias

decir te quiero,

cerrar los ojos para volver a abrirlos,

correr, besarte de un modo inimaginado

bailar en cada esquina,

oír atentamente,

dejado que en mi mente

resonaran las voces

del silencio.

No quedaba tiempo

tampoco para nosotros.

-nunca dije estas palabras con la severidad que implican-

Los papeles no estaban arreglados,

-habría hecho una última llamada-,

el reloj y su alarma permanecían programados,

como las cartas aguardaban en la penumbra del buzón.

Tengo menos de lo que mi dominada codicia exige

y no he visto lo suficiente como me gustaría

porque aproveché mis días mejor o peor, pero


cada día abrí los ojos como el primer día

y eso es lo que marcó la diferencia.

30/05/2013

Protocolo de actuación

De qué trata este post, de lo que el anterior revelara, de nunca exigir a los demás tanto como a nosotros mismos. Podemos amar sus imperfecciones mientras nos preocupamos de erradicar las nuestras para que nos amen y para gustar a gente que desconocemos, podemos arreglarnos para ponernos la máscara que creemos haber elegido, ocupar nuestro tiempo en preocuparnos de los pensamientos ajenos con la pretensión incluso de construirnos una vida aparente que merecieraser envidiada y deseada…

Autoexigencia

Enterramos la máscara a veces, pero volvemos corriendo a por ella

¿Ejemplos? All days. Una amiga, en particular, acude a un nutricionista. Quiere ponerse en forma para el verano, pero ha aprendido de la mano del profesional que esto no equivale a dejar de comer; sino a cuidar más su alimentación y compaginarla con saludable deporte. Y sin extremas variaciones en su cuerpo, el simple hecho de aprender a cuidarse le está proporcionando la seguridad necesaria que le faltaba en sí misma y… ¡se acabaron esas noches en que ella como organizadora de un evento era la que precisamente se ausentaba porque ante el espejo se decía que no podía salir cuando su cuerpo no cumplía las expectativas exigidas, que eran mucho mayores aún ante el reflejo en que sus ojos proyectaban cientos de reproches! ¡Se acabaron esos días en que se quitaba sus shorts por no querer enseñar las piernas! Desde que arriesga y se atreve a vestir esos conjuntos que rechazara con lágrimas en los ojos, la veo más guapa y optimista, me gusta mucho más.

Second. Salió a conversación el gran lunar que una chica tenía en su mejilla. No creo que merezca el atributo de conversación, fue una breve intervención. Unos afirmaban algo injustamente que se trataba de un rasgo incómodo a la vista; otros que la chica era ciertamente guapa y que qué importaba aquella nimiedad. Quienes establecían lo primero, lejos de toda altanería admitieron que eran los primeros que creían que sus propios defectos eran los mayores; los segundos, me gusta agregar, eran personas genialmente desenfadadas.

Me agregué a este último grupo en primer lugar porque todo rasgo personal que proporcione identidad y particularidad a un rostro me resulta excepcional, y en segundo lugar, en solidaridad con una de mis mejores amigas (bellísima persona) que no desearía dejase de tener un carácter envidiable y se reprochara a si misma unas manchas cutáneas intratables que asoman en su rostro y que intenta disimular con maquillaje y a las que yo, si alguna vez dirigí la mirada hacia ellas en lugar de hacia sus ojos fue discretamente por curiosidad del divertido azaroso trazado que formaran. Ojalá piense como yo, que ha de nutrir su seguridad no en la apariencia sino en su personalidad porque es ciertamente lo importante, es ciertamente por lo que la quiero con locura, por quién es, y ojalá ninguna apariencia ni autoexigencia la prive de esa jovialidad con que motiva a quienes la rodeamos. Y ojalá me aplique siempre esto que deseo para ella a mí misma. Ojalá nos lo apliquemos y tengamos presente más a menudo.

Con esto, quiero aclarar, no deseo dar a entender que descuidemos nuestra apariencia porque hay que mimar nuestro cuerpo y hay que arreglarse en primer lugar solo por el placer de estimarnos.

Por último, comentaros que en relación a este tema leí el otro día un escrito de M.R. Trataba acerca de una estantería púrpura y de piel granular que abandonaba en la cochera porque -juzgaba- nadie querría una estantería como aquella. Mientras lo leía supe que en parte esta representación material se trataba de una analogía. Aquella estantería era tan defectuosa que podía reprochársela, tanto como él era tan imperfecto que podía reprochárselo (¡Eres tan imperfecto!) ¿Si nadie querría una estantería como aquella, quién iba a querer a alguien como él (alguien que apenas sabía apañárselas consigo mismo)? A veces pensé que sostenía la creencia de haberse olvidado de representar el papel que un dios superior le había proveído, que había olvidado el protocolo de actuación.

Aunque lo que yo creo es que tú mismo te echabas la cárcel a las espaldas, que tú mismo te habías atribuido la bucólica y desdeñada imagen del fracaso y en torno a tus teorías ya no te permitías cambiar en pos de un optimismo lejano a tu Kafka favorito. Sé tú siempre, pero atrévete a jugar y experimentar contigo, no dejes que los límites de tu pensamiento sea los límites de tu libertad.

Si vais a infringir la ley, el protocolo de actuación, tirad los papeles ya por tierra y sed vosotros mismos no parcialmente sino completa e ilegalmente. Divertíos también, disfrutad la vida también. ¡Saludos desde Sevilla city!

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