Archivo mensual: septiembre 2013

Divertirse

¡He vuelto!

Tras un verano de travesía he regresado y mi espíritu cansado amanece de nuevo. No estoy aquí para poneros los dientes largos. Siempre he defendido las muchas formas de viajes que existen. Tomar una silla (con alas), cerrar los ojos (muy fuerte) y trasladarse a otro punto de ese mundo sumido en la enormidad de tu imaginación. Siempre he valorado por igual las cosas comunes. Me gustan las cosas comunes, y me gusta más aún que otros me hablen de las cosas comunes, conocerlas a través de ellos.

¿Qué aprende uno cuando viaja?

En primer lugar -hay que decir- uno se divierte. Es súper importante divertirse para nuestro bienestar emocional, disfrutar de las pequeñas cosas y en nuestro día a día buscar los pequeños placeres que nos alejen de la rutina. Divertirse no es propio de personas irresponsables, sino de personas inteligentes. Y es debido a la rigidez y el perfeccionismo, el hábito de estar preocupados constantemente por todo (preocupados también por las obligaciones y responsabilidades), no motivar nuestra capacidad de asombro y creatividad, vigilar sin descanso nuestra imagen, creerse víctima en la vida, que no nos divertimos o hacemos actividades que no nos divierten.

Y si en lugar de pensar que una persona es más valiosa cuanto más tiene  pensamos que es más valiosa cuanto más sabe divertirse, es decir, cuanto mas sabe disfrutar del proceso y no del resultado, cuanto más sabe buscar los pequeños placeres ocultos tras la rutina y no espera a que el sentido de su vida aparezca de la nada sino que persigue su rumbo a sabiendas de que siempre deberá revisarlo, replanteárselo, reemplazarlo, pero nunca se detendrá… si pensáramos así… estaríamos cuidando más nuestra salud y bienestar, estaríamos más cerca de sentirnos satisfechos, mejoraría nuestra autoestima, seríamos mejores jugadores, mejores niños, mejores adultos. ¡Vaya, unos inteligentes disfrutones de cuidado!

En segundo lugar, cuando viajas descubres, conoces y aprendes; te sabes uno más de todos aquellos que trazan su camino y que se embarcan con valor en estas cruzadas que desafían tu propia capacidad para desenvolverte en diversas situaciones.

Pero por encima de todo, el sentirte una más entre tantos emprendedores y el conocer tantas maravillas por las que merece la pena pasearse una vez en la vida  hace de tus problemas un mal menor, algo insignificante y nimio. Porque si todo eso y más te espera ahí fuera y quieres vivir de forma sencilla, ¿merece la pena amargar el sabor de esta oportunidad en la que amontonamos nuestros problemas con solución? Mientras haya una solución el único problema es aún conociéndola no ejecutarla. Así que no esperes a que el túnel se ilumine, a que alguien venga a tirarte del brazo o a que te den un sentido por el cuál vivir. Todas estas incógnitas debe planteárselas cada humano, todas estas piezas enigmáticas están en la mente de cada uno.

Incluso en el ajetreo de trenes de este viaje he hallado remansos de paz a los que huir durante unos minutos. Os dejo uno de los dibujos que hice en el trayecto Stuttgart-Freiburg.

Un abrazo. ¡A divertirse y a resolver!

Siento la prolongada ausencia. Tenéis total libertad para comentar. Contad conmigo ya sea para hablar de vuestros obstáculos durante el verano, de cómo os encontráis, si perdidas o en el camino, si sumidas en el caos o si observando los pequeños logros. Aquí no nos asustamos de nada, ni si quiera de lo que uno se le pasa por la cabeza porque por en ese mismo lugar hemos estado, pensando que la boca del mundo se nos tragaba y solo desaparecer nos haría descansar. Pero no era así, repito, si estás leyendo esto soy la respuesta a tu duda: -Sí hay solución para ti. De esta se sale.

¿Qué necesitas? GANAS.

¿No las tienes? Arriesga, ¿qué puedes perder cuando crees que nada te queda?

Si crees que te queda algo entonces que ese algo te de esas ganas que te hacen falta.

¡Vamos!

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