La superSandra

Recuerdo algunos de los dibujos que hice durante el tratamiento. Me sorprendía analizarlos junto al grupo de autoayuda y los profesionales. Por ejemplo, uno fácilmente legible, consistía en un camino más o menos recto que se perdía entre dos montañas -el futuro- acompañado de unos arbustos, uno de los cuales era negro y simbolizaba la enfermedad. Estaba en una de las etapas finales del tratamiento trabajando como si el final tuviese la forma del principio en aceptar que aquel episodio había tenido cabida y un lugar en mi vida.

A pesar de que le dije a la terapeuta con sinceridad que aceptaba la horrible etapa que había resquebrajado toda mi vida, hoy me cuestiono si no era yo la astuta que respondía sencillamente la respuesta correcta. Dentro de lo malo -más tarde trabajaría sobre el perfeccionismo-, al inicio del tratamieto, el deseo de ser la paciente perfecta hizo que me pusiera las pilas y no deseara quedarme atrás mientras quienes componían el grupo de autoayuda avanzaban.

Si hoy me pregunto todo esto es porque me siento orgullosa de haber superado la enfermedad habiendo contribuido la experiencia a forjar mi talante, mi aprendizaje, el conocimiento sobre la psicología humana que tengo ahora y que tanto me ayuda en mi día a día; pero una parte de mí se muestra escéptica a que los otros puedan comprenderlo. Soy la que soy en parte por mi pasado (quizá para despertar la potencialidad de ser hube de atravesar la puerta del dolor), pero a veces me siento…

¿avergonzada como si pudieran juzgarme superficialmente?

¿culpable como si aquello hubiese sido exclusiva elección mía?

.

Para profundizar en la causa sigo una cadena de razonamientos.

1. Si hoy me pregunto todo esto es también porque C. quiere saberlo todo. Y el día que le diga que tuve anorexia, que dejé de comer, me da pánico pensar que juzgará que aquello se trató de un capricho incomparable al dolor que él atravesara, que traicioné a la Sandra más vital de ahora, que entre la vida y la muerte a la segunda iba de cuajo, que pude jamás conocerle.

2. Si sé realmente que no me juzgará de ese modo, entonces soy yo la que me estoy juzgando, la que me recrimino, la que se da cuenta verdaderamente que el temor es el de destruir el ideal de Sandra, la imagen que en silencio todos construimos, miedo a aceptar mis debilidades.

3. En conclusión una se da cuenta de que jamás exige a los demás tanto como a sí misma. Y ese es el origen de la discordia.

6 Respuestas a La superSandra
  1. Rebeca Responder

    Querida Sandra, (es la primera vez que empiezo así…), querida y admirada Sandra, me pasó lo mismo, y si lo pienso aun me cuesta no emocionarme, cuando tuve que decírselo a mi pareja, pensé que no querría estar conmigo mas, que no querría estar con una persona que se había dejado tanto que estuvo a punto de dejarse morir (por hambre no solo de comida sino de cariño…mendigando cariño), pero no fue así, me di cuenta en ese momento, que él ya me conocía, que no reconocía lo que le estaba contando y que el tampoco era perfecto (para mi lo era) y aunque no le había pasado lo mismo, no lo veía como yo, un “error fatal”, sino un bache mas como otro cualquiera. Tienes razón que somos nosotras las que juzgamos y por eso pensamos que nos juzgaran, quiero decir que yo lo tenia idealizado nunca se m hubiera pensado que el podría haber tenido algún problema, y si lo hubiera tenido lo hubiera minimizado, en cambio yo, lo veía como una cosa imperdonable…pero con el tiempo y en cuanto se lo conté, todo fue distinto somos nosotras las que no nos perdonamos, haber fallado pero con el tiempo pasa y cuando veas que el no lo ve tan grave también.
    Antes no soportaba no sacar un 10 en un examen, ahora con el tiempo veo que no es tan importante y en el master que estoy haciendo si no tengo tiempo para hacer un trabajo de diez y saco un 5, bueno no te digo que estoy contenta pero si no me he esforzado lo suficiente, me quedo satisfecha, pero no dejo ni de dormir, ni de comer, ni de salir a tomar algo, aunque mi pareja si lo haga, he aprendido que el tiempo lo cura todo, y lo mas importante es que tu tiempo es oro, no lo desperdicies en el pasado.
    (me encanta la foto, me siento muy identificada) Como te he dicho mas veces todo lo que te pongo me lo puedo aplicar a mi, me cuesta también aceptar muchas cosas cuando estoy triste, no es el caso de hoy. Y como te he dicho antes, te admiro.
    Un beso muy fuerte, gracias por hacernos participes de tus emociones.

  2. Osi Responder

    Gran reflexión, Sandra. Siento muchas veces lo que comentas en él…
    “Una se da cuenta de que nunca exige a los demás tanto como a sí misma”. Esta es la frase que lo explica todo. Gracias. Como siempre.

  3. sandraalonso Responder

    Encantada de recibir vuestros comentarios lindísimas.

    La verdad es que la enfermedad ha ocupado un par de años de mi “primera” edad. Esa etapa de dulce pubertad e insinuaciones que fuera para todas las niñas era para una de ellas un horror de días y días que se acontecían, y cuántas cosas aprendí desde que entré en tratamiento con 14 hasta que lo acabara dos años después. Es por eso que sería injusto obviarlo con las personas en quienes más confío si toca hablar del pasado. Sería como borrar algo que aunque ahora no es relevante en su momento lo fue y mucho, ocupaba todo, absolutamente todo a mi alrededor.

    El resumen, Osi, lo hemos extraído.
    Y tu respuesta, Rebeca, ha sido tranquilizadora. Si razono es exactamente lo que creo que sucedería. Que soy yo la que maximizo. Si para mí es algo que ha pasado y que integro como una experiencia más, por qué no lo va a poder ser para él, por qué va a tronar ningún “error fatal” de su boca.

    Hoy me río. Las cosas se ven diferentes dependiendo del ánimo de los días. Hoy el “problema” en mi cabeza me parece muy pequeño, aunque cuando lo escribiera se asemejara a una gran bola de lana negra enmarañada.

    ¡Pero qué pequeño! ¡Pero cuánto nos exigimos a nosotros mismos!

    Un besazo enorme para las dos

  4. patricia Responder

    Eres una gran luchadora y una persona increible sandrita…. Un besito enorme de tu “ex compi” de Teide Patri 😉

  5. Carmen Responder

    Hola Sandra, he estado leyendo tu blog y me gustaría poder contactar contigo de alguna manera mas personal. Soy una chica gaditana de 21años y tengo un trastorno alimentario, he ido a psicólogos, psiquiatras… pero no encuentro solución. Encontré El Centro ABB por internet y he ido a la primera cita y toma de contacto, pero tengo muchas dudas y miedo, no se que decidir porque no se como funciona, porque me da reparo comenzar el tratamiento.. pero quiero salir de esto, quiero curarme y ser feliz, y conseguirlo como tu lo has conseguido. Si a ti no te importa me gustaría hablar contigo y que me contaras un poco como es todo, como te has sentido y como lo hiciste. Sin mas gracias de antemano por todo eso que escribes que nos sirve de ayuda a todas las personas que nos sentimos identificadas contigo y comprendidas a la vez, y felicitarte porque esta situación es muy dura y tu lo has conseguido y has salido de esto como una campeona. Espero poder contactar contigo. Un beso.

  6. sandraalonso Responder

    Patri,
    ¡alegría de encontrarme tus palabras por aquí! Muchas gracias, guapísima.
    ¿Qué hay de ti?

    Carmen,
    te respondo vía e-mail :)

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