Mente elocuente y cuerpo

El ser humano es un animal con peculiaridades. Tiene, a diferencia de los otros animales, la capacidad de imaginar. Pero en tanto que animal, también tiene un instinto de supervivencia. Antes de dar rienda suelta a su imaginación, antes de abrir la jaula que encierra un ave libertador, antes de ello, el ser humano debe salvaguadar lo terrenal, aquello que le permite la movilidad y el batir de sus alas, aquello que le permite poner en pleno funcionamiento su mente. Si el ser humano no se alimenta, si no busca salvar sus primeros instintos biológicos, de nada sirve todo aquello que imagine pues acabará pereciendo en su cuna, en la barca de Caronte que un río de almas atraviesa.

Creo que una de las mayores felicidades que me haya podido aportar la vida es la de verme reconocida por otro en calidad de persona. El intercambio de esos detalles invisibles que se dan por el mero placer de dar sin esperar nada a cambio y que tan solo conocéis tú y aquel que ha recibido. Creo que no hay pozo sin fondo que recaude tal cosa, creo que es cierto aquello que dicen de quien siembra recoge, a pesar de que en este mundo haya quienes birlan el fruto que proviene del sudor de otros.

En muchas de las entradas que he escrito hasta ahora he manifestado lo importante que consideraba hallar la seguridad en nosotros mismos, pero toda persona de a pie piensa en qué partes de su cuerpo cambiaría. La diferencia es que entre la balanza que alberga el ansia de cambiar su cuerpo y, aquella otra que contiene los momentos disfrutados y las satisfacciones que le proporciona su entorno emocional, existe un equilibrio. La salud no consiste únicamente en la ausencia de enfermedad, sino en esta integridad mente-cuerpo-entorno y estabilidad o equilibrio.

Bueno, de esta pequeña reflexión que he escrito hoy creo que lo más importante es: En los momentos en que te encuentres mal con el cuerpo, piensa si te merece la pena sacrificar tanto.

Hoy yo te pregunto:-¿Por qué no te das la oportunidad de vivir?

Quizá para aquellos/as que estés pasando peores momentos o etapas más críticas del TCA sea imposible, pero si lográis sanar poco a poco, llegará el momento en que encontréis esos pequeños placeres terrenales que somos capaces de gustar gracias a nuestra identidad física.

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