Y llega el día en que tus ojos no están abiertos como siempre.
Hasta ahora habías pasado toda tu vida mirando, o eso creías, lo que había a tu alrededor. No te gustaba mirarte. Pero, de reojo, era lo único que hacías; ¿Doloroso no? No había más opciones, vivir sin saber, o sabiendo más bien poco. Pasaban los segundos, los minutos, las horas, los días, los meses, incluso los años.. pero nada más pasaba.
Entonces llega ese día en que traspasas una pared hasta entonces desconocida, sin apenas darte cuenta. ¿Qué ha pasado? No te lo explicas.. Tus pupilas no dan a basto, millones de estímulos que te invaden, millones de colores, de luces, de sombras, de figuras que, sin tu esperarlo, están apoderándose de la atención del par d inquietas esferas que no saben cómo guiarse.
Primero te centras en una figura y la analizas, incorporas el resto de tus sentidos para darle más noción, si cabe, a lo que percibes; dentro de ti se mezcla su olor, sus movimientos, sus colores, su tacto.. pero repentinamente recuerdas todo lo que tienes pendiente. ¡He perdido el tiempo!: te dices. Sin ser consciente de que el tiempo no se pierde, se invierte de manera más o menos adecuada.
Tus pupilas inquietas deciden vagar de nuevo por todo ese espacio desconocido, aunque ahora ya conoces a una figura. ¿La odias? Normal, a ella atribuyes que tu tiempo no haya sido bien invertido, quizá te equivocas. No puedes parar esos ojillos, tienes miedo a perder demasiado. Giran y giran, suben y bajan, van de lado a lado; desorbitados, hasta que agotados tienen la necesidad de cesar su movimiento.
No encuentran otro lugar que la figura conocida, el único estímulo conocido que les permite descansar. Y de nuevo te enfadas.. esta vez con tus ojos. ¡Maldita sea! Otra vez en el mismo lugar de siempre, otra vez dejando que el tiempo pase en la misma dirección. Una y otra vez se repite el mismo ciclo: la inquietud y el descanso de tu par de ojos te lleva al descontrol absoluto, a la búsqueda incansable por analizar todo lo nuevo que te rodea; hasta que el agotamiento de nuevo te hace retornar tu visión a la figura.. y de nuevo el ciclo.
Ya no sabes con quién enfadarte, te sientes culpable. Culpas a tus ojos, a la figura que te arrebata el valioso tiempo que quieres dedicar a las novedades. También te enfadas con el tiempo por pasar tan rápido y no dejarte elegir, incluso te enfadas con todos los estímulos por ser multitud y no dejarse conocer. ¡Menuda decepción!
No entiendes nada, mucho menos a ti misma. Estabas fascinada por el inmenso abanico que se había abierto delante tuyo con el fin de aportarte tanto, y sin embargo no te ha proporcionado más que un perturbador cansancio que crees que nunca cesará. Agotada cierras los ojos, cerrando con ellos cualquier elección. No has sabido tener preferencias.
Envuelta por la oscuridad, decides centrarte en tus pensamientos, en tu interior, necesitas respuestas que solo tú puedes darte. Ya no te importa todo lo que te pierdes, al fin y al cabo solo buscabas la fórmula para encontrar un bienestar intrínseco. De momento no puedes más.
(continuará… ?)
Hasta que poco a poco notas que el peso de tus párpados disminuye, algo les impulsa a flotar y permitir que la luz penetre empezando de nuevo a discernir lo que hay fuera, esta vez de una manera sosegada. No necesitas que tu vista bañe todo lo que hay ahí fuera; ni lo necesitas, ni te conviene.
Te dejaste rodear por la negrura más absoluta sin saber qué buscabas. Te limitaste a seguir tu instinto de supervivencia, a huir de todo tormento. Parece que no te ha salido mal, la barrera con la realidad te ha permitido quedarte contigo, no vuelvas a huir de ti aunque esa barrera esté levantándose.
Déjate llevar, no necesitas analizar todo lo que se pasea por delante tuyo, solo disfruta… Lo demás ya vendrá con la práctica. Empiezas a sentir cómo nace de tu espalda un profundo escalofrío que se expande por tu cuerpo y no acaba hasta llegar a las puntas de cada uno de tus dedos. ¿No lo entiendes? No hace falta.
Disfruta, disfruta… ¡Que se te olvida! Así, eso es, recuérdatelo siempre que lo necesites. Ahora empiezas a descifrar de lo que te hablo sin necesidad de esfuerzo, ahora sientes mientras miras, ahora aprecias mientras ves. No eres la única que no lo abarca todo, te diré un secreto: nadie es capaz de hacerlo.
No permitas que las decisiones te abrumen, no te apresures, después de palpar suavemente las imágenes que se despliegan a tu alrededor podrás deleitarte con los detalles más pequeños. Todo es cuestión de tiempo. No lo odies, no es una unidad efímera que escapa entre las yemas de tus dedos; es más bien un tesoro que te permitirá florecer, es altamente fructífero. No hay nada que atrapar, todo está por acariciar..