Maldito transtorno tan difícil de entender

Este tiempo de tratamiento me ha servido para aprender mucho de los TCA y para darme cuenta de lo poco que se sabe sobre ellos. La gente tiene una idea muy equivocada y muchas ideas preconcebidas. Por eso hoy me ha apetecido contar que es un Transtorno de la Conducta Alimentaria, no la definición, no los tecnicismos, explicar el mio desde mi experiencia.

Te preguntan, en mi caso, “¿pero eso que es? ¿que no quieres comer no? ¿que cuando comes vomitas verdad? …etc.” y enseguida ponen etiquetas dependiendo del físico; anorexia, bulimia, trastorno por atracón (conocido como comedor compulsivo aunque sin pensar que es una enfermedad) … da igual, son diferentes caras de la misma moneda. Cambian los síntomas pero el fondo puede ser el mismo. Incluso en muchos casos es difícil poner una sola etiqueta, cuando se lleva media vida sufriéndolo se llega a pasar por todos, cada uno puede llegar como consecuencia del otro… otro motivo más que explica la dificultad de su diagnóstico, que hace que la gente no se de cuenta de que quien tiene al lado lo está sufriendo porque como no puede encasillar ese comportamiento a la idea que tiene o el físico que se supone debe tener tampoco corresponde pues no ven las señales de alarma. Solo puedes sufrir un TCA si estás esquelética, o corres al baño tras ingerir algo o bien, esto últimamente porque antes no estaba considerado como tal, comes mucho (el caso que aún menos se asocia a un trastorno, y que si la persona tiene sobrepeso se tacha de gula, obesidad, glotonería…). Pues no, el físico no es el indicador de un TCA señores. Ese es un gran problema que dificulta su detección. Una persona en normopeso puede estar sufriendo un trastorno alimentario.
Algo que puede parecer tan superficial como la excesiva preocupación por el físico y la comida es solo la punta del iceberg, es lo que se ve desde fuera pero si profundizas siempre hay más escondido. “Niñas tontas que solo se preocupan de su cuerpo” he tenido que escuchar en alguna ocasión y morderme la lengua, bueno eso y otras tantas y tantas cosas. Pues no, eso también lo niego, eso no es el verdadero problema.
Tras un TCA se esconden muchas cosas, dependiendo del trastorno y la persona puede haber matices pero a rasgos generales, aunque cambia el síntoma, la base es la misma. Tras un TCA hay una muy baja autoestima y necesidad de aceptación y aprobación, inseguridad, una gran autoexigencia, perfeccionismo y autocrítica que lleva a no valorarse ni reconocerse nunca los éxitos ni las virtudes, necesidad de controlarlo todo (y de ahí el control con la comida y el peso, la “tranquilidad” de tener algo que controlas tú), aguantar demasiado y no saber decir no, no tolerar la frustración que muchas veces tú mismo te creas poniéndote metas inalcanzables exigiéndote por encima de los límites normales, entrar en el círculo vicioso de blanco/negro o todo/nada (si no es perfecto es una mierda, expresión típica). El peso, la comida, el físico es parte del afán de control y es la manera de tapar el resto de problemas. Es curioso como no nos damos cuenta pero es un mecanismo de defensa aprendido que salta si algo no va bien. Para esto es importante la terapia grupal o individual, da igual. Ahí consigues analizar y ver porque ese día te veías peor, o porque de pronto tu cuerpo no era capaz de ingerir nada o al contrario, aparece un “hambre” (ansiedad) descomunal … Es algo que cuesta ver y sobretodo trabajar y cuando lo consigues lo ves claro. Yo ahora sé que no me gusta mi cuerpo, que aún me avergüenza un poco pero si tengo un problema primero me centro en ello para poder resolverlo y el físico pasa a segundo plano. Pero no es fácil y menos cuando estás completamente metida en el TCA porque entonces aunque intentes verlo no puedes. Es característica también la distorsión de la imagen corporal, algo que me impactó mucho descubrir que sufría y que aún hoy no entiendo. No comprendo como la mente es capaz de crear esa realidad paralela que nos ciega… No comprendo como veo a los demás tal cual son y mi imagen no se corresponde a la realidad. Es difícil de entender y muy duro, para mi el momento más duro del tratamiento porque te hace dudar de todo tu mundo. Si lo que veo no es real ¿como sé lo que sí lo es? Es una sensación muy angustiosa, un miedo inexplicable, un descontrol, una sensación de locura…
Es algo muy complejo en donde influyen muchas cosas. La alimentación, el peso y el físico es lo que vemos y es lo que se empieza a trabajar para salir de ese pozo pero hay mucho más trabajo. Hay que tener en cuenta también importantes factores sociales, educativos, familiares … suele haber algo que desencadena el trastorno pero es la suma de muchas cosas aprendidas y te lleva a una vida de sufrimiento, de mentira, de dolor, de dejar de hacer cosas, de esconderte en ti misma, que va hundiéndote cada día un poquito más… Últimamente tengo muchas inquietudes respecto a los agentes externos que empujan o agravan el transtorno. Esto se nos está escapando de las manos, cada día personitas más jóvenes empiezan a luchar contra esto y me invade una gran impotencia. Quisiera gritarles que no vale la pena, quisiera poder hacerles fuertes pero me pregunto cómo y no lo sé
Tengo tantos recuerdos en mi cabeza, tantas sensaciones, tanta lucha que quieren salir pero que no sé como ordenar ni como contar, tampoco creo que ejemplos concretos sean del interés de nadie; solo pretendo dirigirme en este caso a las personas que están alrededor del enfermo. Nosotr@s podemos llegar a entender lo que nos pasa pero muchas veces no somos capaces de explicar en que consiste todo esto y aunque lo hagamos la sociedad no está preparada para entenderlo. Solo pido que no se juzgue, solo pido un poquito de paciencia y empatia hacia esa persona que quizá cada vez que nos rechaza es que está sufriendo mucho en ese momento, solo quiero que no nos quedemos en la idea del problema superficial y se intente ayudar de verdad a esa persona, solo me gustaría que sobretodo por esas pequeñas personitas que están creciendo y son futur@s adolescentes aprendamos a alimentarnos sanos sin pensar en calorias ni michelines ni bikinis, solo deseo que no se etiquete a nadie por su físico, solo me encantaría que las personas tuvieran las mismas oportunidades independientemente del físico. Quizá esté pidiendo demasiado, ojalá un día sea lo normal
He leído una frase que me ha impactado “Tu problema es que quieres que sea perfecta, el mio pretender serlo”

Por fin… el último escalón!!

Rescato y reescribo un post antiguo que se había borrado y, aunque era muy cortito, era lo que sentí una vez hace unos meses y fue un momento muy importante. Un antes y un después, era el último escalón que entonces me quedaba y creo que puede ser una gran ayuda para quien lea este blog. Es un mensaje nuevamente para decir que se puede y que al final llega ese momento:
Últimamente tengo muchos problemas, mejor dicho muchas preocupaciones pero las voy enfrentando.  En ningún momento me he escondido tras mi cuerpo. Acabo de darme cuenta que no pienso demasiado en él.  Acabo de ser consciente de que estos días lo he olvidado. Ese era el escalón que quedaba por subir. Ahora mi cuerpo no pasa a ser el centro de mi vida para esconder mis problemas, ahora son mis problemas lo importante y mi cuerpo no dirige mi vida. Ahora los enfrento y los resuelvo, o por lo menos busco la solución a ello sin quedarme estancada.

Paso a pasito,  uno tras otro y así sucesivamente.  No te das cuenta pero de pronto un dia miras hacia atrás y ves todo el camino recorrido. Casi no me lo creo, auténticas maratones en algunos casos. Quien no me conocía demasiado interiormente no se dará ni cuenta, los que han estado a mi lado siempre alucinan y quien haga tiempo que no tiene contacto conmigo quizá ni me reconozca si volvemos a retormalo… Soy otra, bueno no. Soy la misma pero potenciando todo lo bueno, queriéndome tal y como soy, conociendo mis defectos y aceptándolos y cambiar estas cosas conlleva adquirir  autoestima y con esos ingredientes ya puedes comerte el mundo. La lucha, la fuerza y el sacrifio ya estaban de serie así que ahora la receta está completa para servir. ¡¡A por ello!!!

La importancia del grupo

Acaban de darme el alta de grupo. Eso que parecía tan lejano e imposible de conseguir ha llegado y con ello otro ejemplo más de que YO PUEDO, algo que he aprendido en mi paso por terapia, algo que sola no era capaz de creer. Quiero escribir sobre la importancia de la terapia en grupo, algo imprescindible en mi proceso.
¡He aprendido tanto en este tiempo! aunque mi esfuerzo ha sido fundamental, el grupo ha sido básico. Tanto de mis experiencias como de las de mis compañeras he entendido muchas cosas, de todas he aprendido y gracias a los problemas de cada una de ellas he podido comprender mejor los mios.
Visto desde fuera siempre se ve todo más claro y parece más fácil ¿verdad?, pues ha sido un pilar fundamental para sostenerme todo este tiempo. Había momentos que incluso resultaba cómico y acabábamos muertas de risa porque la “bronca” (por llamarlo de alguna manera, bronca ninguna, siempre desde el buen sentido y la crítica constructiva) que una recibía y parece que no entendía luego ésa misma al momento se la soltaba a la compañera porque en la otra lo veía clarísimo. Una de las cosas por las que el grupo es tan importante “ver la paja en el ojo ajeno”.
Otro motivo es porque allí nadie te juzga, allí todos te entienden, allí todas y cada una, aunque quizá con diferente síntoma, estamos pasando por lo mismo. Experiencias, sensaciones, sentimientos similares. En el grupo todo se explica, todo se comparte e incluso se vive como propio. Esa relación nos ayuda a desarrollar otras muchas.
La terapeuta y el grupo especialmente se convierten en el bastón sobre el que apoyarse durante todo el proceso. Y traspasa las sesiones, 24 horas conectadas. Si una pide ayuda, allí están todas; algo básico también teniendo en cuenta lo que nos cuesta pedirlo y en nuestra vida diaria no nos responden como necesitamos. Así que es bueno que el día que conseguimos hacerlo (fundamental también aprenderlo en este proceso) obtengamos respuesta. Nuestro entorno no puede ayudar en muchos momentos, no entienden, no tienen las herramientas adecuadas; todo esto es demasiado complejo, muchisimo más de lo que parece, para quien no lo vive. Por estos motivos el grupo es de las herramientas más poderosas que tenemos en nuestro proceso de curación.
Es difícil dar el paso, es extraño encontrarte en esas sillas las primeras veces y no paras de preguntarte “¿qué hago yo aquí?”. Pues la respuesta es muy fácil. Aquí vengo a curarme, entre estas cuatro paredes y junto a estas personas voy a emprender el camino, de los más duros y difíciles de mi vida pero el que debo y quiero tomar para poder salir de toda esta vida que ninguna quiere pero no sabe no hacerlo.
Desde aquí quiero gritar a esas personas que estén perdidas que den el paso a ese camino, que no estarán solas, que empiecen su terapia y, si es en grupo, que nunca piensen que esas personas no podrán hacer nada por ella. El esfuerzo final lo tienen que hacer ellas pero de la mano es más fácil.

El más difícil

Cuánto cuesta ese último peldaño… Después de todo lo que he avanzando no entiendo cómo me parece imposible subir el escalón que me lleva a la meta. Imposible, yo no debería usar ese término porque precisamente estoy aquí para demostrar que se puede, que toda la lucha tiene su recompensa. Yo sé que se consigue paso a paso, con esfuerzo pero se puede. He podido en mil ocasiones, he subido casi la escalera entera a pesar de que alguna vez también bajaba alguno, he aprendido a descartar esa palabra de mi vocabulario diario porque yo también puedo. Y ahora también podré pero este paso se está resistiendo. Hasta ahora no me había puesto plazo para la meta y quizá eso ha sido lo que ha hecho que siga luchando sin ver el final ni lejos ni cerca, sólo ir avanzando hasta llegar. Sólo tener claro que duraría lo que fuera necesario pero quería salir completamente curada.

Empecé contando los días que llevaba, supongo que por ese afán de control que nos caracteriza, hasta que el psiquiatra me “descubrió” y tuve que dejar de hacerlo. Quizá era la clave, no preguntarme cuando llegaría. Ahora eso me está costando. Estoy en otra fase del tratamiento y quizá pensaba que una vez aquí todo iría más rápido pero, a pesar de todo lo que he conseguido y todas las cosas que he cambiado, esta que me queda pendiente parece eso… imposible.

Aceptarme. Me pregunto si llegará el día que lo haga. Aquí también ha habido muchos cambios. La relación con mi cuerpo empieza a normalizarse en el aspecto que puedo hacer cosas sin que mi físico me condicione, ya no me amarga el día como antes. He aprendido que independientemente del peso puedes hacer lo que quieras, lo que marca la báscula no es lo que marca tu valía como persona o tus aptitudes o cualidades. Es importante haberlo entendido y no dejar que esas sensaciones guíen mi vida y mis decisiones. Ahora tengo herramientas para frenar, o por lo menos disimularme a mi misma, esos pensamientos que se repiten pero a pesar de todo aún no me gusto. Tengo un IMC normal pero no estoy feliz con mi cuerpo. No me recreo en ello, y eso es algo bueno que he aprendido también, pero no puedo evitar sentirme aún mal cuando veo a alguien que ha adelgazado o veo fotos mías de cuando estaba más delgada. Mi psicóloga me dice que entonces tampoco me gustaba ni era feliz. Tiene razón pero ahora estoy convencida, o quiero pensar, que ahora sí lo sería. Antes no lo veía pero ahora seguro que sí. ¿De verdad o aún mi mente es capaz de dominarme en estos momentos? No sé que quiero creer, una cosa no me hace feliz, la otra hace que vea que aún me queda camino por recorrer…

Me gusta escribir, me ayuda y me relaja y hacerlo aquí sé que es positivo para mi y para las personas que están pasando por lo mismo y puedo ayudarlas a que vean que se puede, animarlas a seguir luchando porque vale la pena. Pero a veces también yo necesito ánimos y entonces no sé si puedo ser de mucha ayuda… Me repetiré el mensaje que me ha ido funcionando y que me costó tanto creer ¡¡yo puedo!!

Sonreir de nuevo

Que maravilloso es sonreir, que bien sienta reir … Pensé que no podría recuperar eso. No era consciente de las pocas sonrisas que habían en mi vida, en mi día a día. Mi marido me hizo darme cuenta de ello, cada vez más a menudo me decía que quería a la Susana que se reía tanto. Yo no había reparado en ello, en lo triste que estaba, en mi cara seria constantemente, en mi humor apagado, en vivir amargada por todo y que el más pequeño contratiempo fuera motivo de disgusto. Era mi estado de ánimo normal, gris y sombría.

Acabo de darme cuenta de cuanto ha cambiado eso y por eso mismo lo estoy escribiendo y haceros partícipes casi en tiempo real. Vuelvo a sonreír, vivo mucho más relajada y los problemas que surgen los gestiono con mucho menos enfado, todo lo malo me molesta menos y siento que a mi rostro le acompaña ahora una sonrisa tranquila. Estoy pensando en todo lo que me río ahora, relajada y disfrutando de esa sensación, sobretodo con él. Con nuestro entorno más cercano y más querido siempre sacamos lo peor de nosotros cuando no estamos bien y ahora eso ya empieza a no pasarme. Consigo relativizar y no dejar que algunas cosas empañen otras. Ahora empiezo a vivir más el momento y si el momento lo requiere ¿por qué no reir a pesar de los problemas ajenos a eso que puedas tener?

Ahora mi marido también está más contento, vuelvo a sonreir diariamente, vuelvo a reir hasta llorar y estoy feliz de haber recuperado esa complicidad entre nosotros

Rodeadas de espejos

Sé que el título  es contradictorio con el del blog pero a veces aún es como me siento y creo que más de una también.  Sería genial poder rodearnos sólo de ventanas, 1 espejo y 1000 ventanas. Muchas dicen que lo han conseguido y yo voy por muy buen camino pero a veces aún me pregunto si es real, si esa vida existe y sabré mantenerme en ella. Debo creer que sí y por eso estoy luchando, por eso estoy participando aquí porque en mi propia piel he visto todos los espejos que se pueden ir quitando y las ventanas que podemos abrir a nuestro paso entonces ¿por qué no llegar a tener 1 solo espejo y estar rodeadas de ventanas al mundo? claro que se puede, yo puedo, eso lo he aprendido. Puedo, mucho más de lo que a priori pienso, y con eso me quedo ahora aunque un run run en mi interior se remueva de vez en cuando.

Y es que vivimos en una sociedad que queramos o no nos hace volver a pensar en nuestro trastorno desde nuestro alrededor más próximo hasta la publicidad, la televisión, la búsqueda de trabajo, el cine…todo relacionado con la imagen. Tenemos que estar estupend@s para conseguir un puesto de trabajo, para triunfar en la vida, para ser una madre estupenda y para enamorar al sexo opuesto. Los protagonistas de nuestras series favoritas, de los grandes éxitos de Hollywood, los presentadores de un simple informativo, todos tienen que estar divinos. En las revistas se vive dramáticamente que tal artista o tal otra ha engordado, incluso a veces por culpa de medicaciones sin darle valor a lo que importa que es la enfermedad. También parece que se debe “expulsar” del papel couché a esa que ha sido madre y en poco tiempo no ha recuperado su cuerpo. ¡¡Es humana!! y lo anormal es la rápida recuperación de otras. Claro que cuando te lo hacen todo y te dedicas a ti y solo a ti puedes mantenerte en forma más fácilmente pero si te dedicas a criar a tu hijo, trabajas, comes de pie de cualquier manera entre una toma, el trabajo y pasar el aspirador no es nada fácil recuperar el peso y aún menos el aspecto atlético que presentan algunas casi al momento de parir.

Vivimos dedicados al cuerpo. Estoy bastante cansada de oir hablar de dietas, de peso, de calorías, de “mira como se ha puesto esta” o “no entiendo que hace con ella/él con ese cuerpo”. Vivimos centrados en nuestra imagen, intentando continuamente agradar a los demás y criticamos nosotros mismos a los que no cumplen con los cánones establecidos, nos quejamos de los medios de comunicación pero de nosotros mismos parte diariamente esa crítica a los que nos rodean.

No es nada fácil vivir un día a día normal escuchando a cada momento hablar de tanta dieta y tanta operación bikini y a veces pienso, como me dijo mi psiquiatra,que  los que más hablan generalmente son los que menos lo cumplen y como se sienten culpables así “limpian su conciencia” para que parezca cuanto se esfuerzan. Pues a mi me cansa bastante, y los que buscan que les digas “¡qué dieta! si estás estupend@” aún me dan más rabia… (esta expresión no le gusta nada a mi marido pero es que en muchos casos es la que mejor define mi estado). Otro tipo de personas que “me da rabia” son los que te dan consejos de dietas o de alimentación o calorías necesarias y encima saben por lo que has y estás pasando que me gustaría decirles con todos mis respetos “Perdona, pero cuando tú vas yo vengo”

En fin, hoy estoy un poco crítica pero es que este tema lleva mucho tiempo calentándome y ahora que puedo verlo con otros ojos, me duele el daño que todo esto puede hacer, el que me hace a mi y l@s que vienen detrás.

Sí, yo tengo un TCA pero la sociedad en general está enferma y no lo sabe.

Abre ventanas y mira por ellas, ahí fuera hay un mundo maravilloso por disfrutar

Sentirte incomprendida

Todo el mundo sabe, todo el mundo opina y a veces deberían pensar un poco más en lo que dicen, por muy gratis que sea hacerlo no se puede causar un daño gratuito y se hace.

Cuando tienes un transtorno es común sentirte incomprendida y es real. Eres una incomprendida. Se creen que saben pero no tienen ni idea y el problema es cuando les explicas y aún así parece que tienen que opinar. Es muy duro sufrir un TCA y es muy duro el proceso de curación porque hay tantas cosas implicadas… lo fácil que ve todo el mundo es la comida y hagas lo que hagas te van a criticar. En mi caso por ejemplo la pregunta de “¿qué quieres comer?” me ha agobiado mucho, NADAAAAAAAAAAAAAAA!! sería la respuesta. Necesitaba que me lo “dieran hecho”. Quiero comer nada y tengo que comer lo que me pongan ¿es tan difícil?. Y cuando no quieres comer nada y te comes un primero, un segundo y un postre también te miran raro. Y cuando te esfuerzas por no comerte la ensalada y elegir otra cosa y encima te comes la ración semanal de postre dulce estipulada creo que aún entienden menos. Todo se asocia a dieta y no se ve el esfuerzo que hay detrás. Y, comentado por otros compañeros, cuando el problema son los atracones y debes normalizar la alimentación y además perder peso también están las críticas “¿Qué haces comiendo de todo? ¡Deja los dulces! ¿seguro que esto funciona? ¿por qué no pruebas la dieta de …? ¿así piensas adelgazar?”  Nooooooooooo, ni adelgazar ni engordar, la meta es la curación, el resto viene después. A mi no me parece tan difícil de entender pero entiendo que desde fuera las cosas no se ven igual. El problema es que los que están al otro lado a veces no preguntan, no escuchan, solo opinan, solo hablan, solo juzgan… No les hagáis demasiado caso, lo hacen con la mejor intención pero ellos no pueden saber lo que se siente. No se lo tengáis en cuenta. Nosotros sabemos lo que es, y por eso os dedico esta canción.

http://www.youtube.com/watch?v=C47oI74WcxY

Por cosas como estas hay que tener muy clara la meta para no hundirnos más. Queremos curarnos, queremos dejar atrás esta vida que no es vida y debemos quererlo 100% porque encontraremos obstáculos como estos por el camino. Al principio ves en la terapia la salida y aunque no entiendes muy bien que haces ahí ves la luz y la salvación pero llega un punto en donde te estancas, en donde el esfuerzo ya pesa, en donde ves lo duro que es y lo duro que será y lo largo del camino. En donde te sientes vigilada, atada, asustada, que has llegado al límite de tu esfuerzo y empiezas a pensar que no hay solución, que el camino acaba ahí y tú no lo has conseguido… en ese momento has de aferrarte más que nunca a las herramientas que tengas, a tu terapeuta y a tus compañeras y nada ni nadie debe desviarte de ese camino, ningún consejo o crítica del exterior debe ser más fuerte. Si superas ese momento de querer tirar la toalla, ese instante de querer gritarle al mundo “¡¡veis como no puedo!” entonces vas por buen camino, has superado el inicio de todo este lío (aceptar que estás enferma y pedir ayuda) y has superado el gran escalón arriba de la montaña…ahora solo queda bajar, bajar y bajar. Seguir luchando y trabajando por el camino y conseguir saltar alguna que otra piedra que encontrarás. Es el principio del fin de esta vida que no queremos.

Momento piscina

Tenía muchas ganas de empezar a escribir en este blog, de que por fin publicaran mi historia y me dieran permiso para seguir narrando capítulos, ahora que ha llegado me pasa como cuando avancé en terapia, estoy perdida y no sé muy bien qué empezar a contar… tenía ideas que ahora se han quedado bloqueadas en algún lugar de mi cabeza, espero que poco a poco vayan saliendo temas que me permitan colaborar en esta página para poder ayudar  a otras personas que estén pasando por todo eso que aquí nos une: un TCA.

Lo que no quiero contar es la enfermedad con demasiado detalle, aspecto emocional y psicológico sí pero no creo que sea necesario explicar qué hacía exactamente o cómo, supongo que eso es algo que aquí todos sabemos así que no vale la pena profundizar y para quien no lo sepa tampoco quisiera dar ideas… únicamente pretendo ser de ayuda a quien ahora mismo crea que no hay salida, a quien esté dudando si pedir ayuda o no, a quien esté avanzando en terapia más lento de lo que le gustaría (creo que por aquí también hemos pasado tod@s) y piense que nunca se curará…mi mensaje es un “PUEDES” inmenso, un “PUEDES” a grito…
Como explico un poco en mi historia y mi primer post veo el alta más cerca de lo que imaginé, creí que no llegaría…no quiero precipitarme porque aún sigo en terapia grupal e individual pero ya no es semanal. Llevo dos meses así y debo decir que estoy muy animada y mucho más fuerte de lo que pensé cuando mi terapeuta me lo propuso y me felicitó por lo bien que me veía ¡¡una vez más desde fuera me veían mejor, más fuerte, más preparada que yo misma!! pero acepté el “reto” y, a pesar del miedo inicial incrementado por la época estival en que nos encontramos, ahora veo que PUEDO. 
El tema alimentación lleva ya un tiempo sin ser un problema, aunque no mentiré y debo decir que la alarma alguna vez salta, pero mi terapeuta lo sabe (si algo he cumplido a rajatabla desde que entré es mi promesa a mi misma de no mentir, ya no más. Quería curarme costase lo que costase y sabía que seguir mintiendo no era el camino) y sabe que no me he dejado llevar por esa alarma, soy consciente de que durante toda mi vida puede seguir conmigo y aparecer en cualquier situación pero ahora soy yo quien controla el síntoma y no al revés. Como decía no me preocupaba avanzar sola en la alimentación era porque aún hay pensamientos en mi cabeza que creía que no estaba preparada para enfrentar, complejos que aún hacen sufrir un poquito. No me gusta mi cuerpo y eso aún es duro, también hasta hace muy muy poco me negaba a aceptar que fuera así para siempre: una talla normal pero no lo proporcionada o atlética que a mi me gusta de otras personas, de nuevo comparando. He aceptado ya y entendido mi distorsión y ahora puedo verme objetivamente, soy una chica normal con un IMC perfectamente normal y sano, no veo esa gorda que había antes en mi espejo (más bien en mi cabeza) pero sigo sin ver el cuerpo que yo quisiera. Aceptar que soy así y debo quererme así aún se me hace cuesta arriba pero ¡¡también aquí estoy avanzando!! Hace unos días en la piscina tuve un momento de reflexión que creo fue muy positivo. Vi varias chicas a las que les cambiaría el cuerpo sin pensarlo y de pronto una luz de realidad inundó mi cerebro ¡¡pero si deben tener 17-20 años Susana!! todos esos “cuerpazos” que yo envidiaba no llegaban ni en broma al cuarto de siglo. Entonces miré a mi alrededor y repasé al resto de mujeres buscando las que realmente podía comparar conmigo (sí aquí otra vez comparando). Alrededor de 33 años y que hayan sido madres habían también unas cuantas, resultado del experimento: había más altas, más bajas, más guapas y más feas, más gordas o más flacas…montón de mujeres normales con cuerpos normales acorde con sus edades, ritmos de vida, maternidad ¡¡¡y yo estaba en ese grupo de mujeres normales y no estaba tan mal!!! que momento de subidón ahí SENTADA en mi toalla con BIKINI (en mayúsculas por el triunfo que eso representa para mi) mirando alrededor de la piscina y viendo que soy una chica más y puedo estar muy contenta de ello…
No ha sido un verano fácil pero eso siempre ha sido normal en mi vida. Lo que ahora ha sido diferente es que he podido disfrutarlo de una forma que no hacía antes. He disfrutado de los momentos en la playa y la piscina, de las cenas y comidas con amigos fuera de lo normal, de algún helado que he comido… a mi cabeza no le gusta mi cuerpo pero empieza a asumir que es el que tengo y no puede limitarme en todo lo que hago. Pasito a pasito, aún muy despacito, aún poco a poco pero por el camino correcto.

Hola Mundo

Primer Post – Reflexionando sobre mi tratamiento:

 

Tanto tiempo esperando el momento y ahora que se acerca no sé como reaccionar. Mi terapeuta dice que esto aún no es un alta pero para mi casi lo es. Es una mezcla de sentimientos, a ratos veo todo lo que he luchado y otras veces pienso que no ha sido tanto y he olvidado muchas lágrimas. ..es curioso el mecanismo d nuestro cuerpo y mente de olvidar el dolor en ciertos momentos.

Quiero mirar 21 meses atrás para no olvidar de donde vengo y valorar a donde he llegado. Después de 18-20 años he llegado a tener una relación normal y sana con la comida. Y estoy en un momento d aceptación de mi cuerpo en el que no creía jamás estar, aún queda un camino que recorrer pero después de lo andado este será un paseo por un jardín de flores. Recuerdo aquel 5 de septiembre de 2011. La extraña sensación de mi cuerpo, nervios por lo que venía, miedo por lo que se avecinaba. Y esa pregunta que me hacía ¿que hago yo aquí? Sabia que algo me pasaba pero no aceptaba que era eso. TCA. No, yo no era como esas chicas que me cruzaba en los pasillos, no quería verme reflejada en ellas. Pues si, lo soy, lo era. Una adulta que no sabe gestionar emociones, que no se quiere y no se respeta, perfeccionista y autoexigente, autocritica. Controladora. Que se siente gorda y se avergüenza de su cuerpo. Que ha dejado de hacer cosas en la vida por ese motivo. Que es una esclava de la alimentación….no atracones pero sí comer más de la cuenta por ansiedad o al contrario, dejar de comer. Hacer mil y una dietas y pesarse continuamente. Y nunca está satisfecha, nunca feliz. Sí, era como el resto de personas que pasean por ABB, una vez fui como esas adolescentes con las que me cruzo.

Recuerdo aquellos días de nervios al decidirme a venir, aquel suspense esperando el diagnóstico, aquel miedo a enfrentarme a la verdad, a contárselo a mi marido, a mi familia, a decepcionarles… aquella vergüenza al sacar a la luz mi secreto y aquel no querer que se sintieran culpables por no haberse dado cuenta…pero tenía que hacerlo, quería cambiar de vida para ser un buen ejemplo para mi hija. Ni mis inseguridades, ni mi alimentación ni mi carácter amargado eran adecuados para ejercer de madre. Una vez conseguí estabilizarme por mi hermana, ahora podria hacerlo por mi hija.

Mi camino en terapia ha sido una montaña rusa, como mi vida en general. Empecé, una vez pasada la negación inicial, con ganas y motivada. Enseguida me sentí bien pero de pronto la caída. Estaba peor que nunca, no entendía que me pasaba, hasta ahora todo esto estaba oculto y eso lo hacia secundario en mi vida, bueno eso quería creer. Pero ahora era consciente de ello cada segundo de mi vida. Vivía pensando en pautas, esclava de una libreta, me sentía agobiada y asfixiada. Antes todo esto estaba escondido tras una buena cara y a otra cosa mariposa. Ahora era una realidad constante. Los que lo sabían me preguntaban y sé, aunque ninguno lo admitía, que me vigilaban. Era todo una mierda, quería volver a recuperar esa no-vida en donde yo sola me bastaba. Pero no, me aferré a las herramientas que esto me ofrecía y pensaba en todo lo que quería lograr. Quería poder ir a la piscina o la playa con mi niña y disfrutar con ella en lugar de quedarme vestida en la toalla mirando de lejos. Quería poder seguir bailando salsa sin el pavor a que me miraran y sentirme juzgada. Quería ser capaz de relajarme con mi marido cada vez que me abrazaba y no creer que pensaría que estaba tocando a una gorda. Quería poder mantener relaciones con él como una pareja normal en lugar de estar meses sin dejar que me tocara. Quería vestirme cada día sin hartarme de llorar delante del espejo…hoy puedo decir que tras mucho trabajo y muchas lágrimas lo he conseguido casi todo. Quizá aún no como me gustaría y como debe ser pero eso ya está al llegar.

Recuerdo momentos que me han marcado como el día que hice la lista de alimentos prohibidos y mis compañeras asombradas me preguntaron entonces de que me alimentaba. Recuerdo el día que me comí un “sobao” sin parar de llorar porque no quería, bueno de estos han habido varios…o el día que me dio un ataque de ansiedad, visita médica incluida, porque iba a comerme un donut. También el día que me di cuenta de mi distorsión corporal. Casi diría que ha sido el momento más duro de mi terapia. Algo que no controlaba, que no entendía, que se me escapaba… ¿como era posible ver a los demás sin problema de visión y ver mi imagen distorsionada? ¿Qué hacia mi cerebro para no permitirme ver la realidad conmigo? ¿por qué? ¿qué me pasaba? miedo, rabia, agresividad incluso física conmigo, con los demás… Ha sido una época dura también en mi matrimonio. De momento estoy muy contenta de mis cambios en este terreno, he aprendido a manejar mis celos y mi relación con mi pareja. He aprendido a aceptarlo, a ver que somos diferentes y eso no significa que me quiera menos.

He aprendido a priorizar, a tomar decisiones sin miedos, a defender mis derechos laborales, a no ser tan autoexigente y a reconocerme triunfos, a no justificarme por todo lo que hago ni sentirme culpable por expresar mis sentimientos. A no sentirme juzgada continuamente por los demás. A no sentirme mal por buscar mi tiempo y pedir ayuda con mi pequeña. Soy capaz de improvisar, el lunes ya no necesito tener planificado cada minuto del siguiente fin de semana. Puedo tolerar la frustración, relativizar y no dejar que cualquier tontería me amargue el día. Estoy aprendiendo a tener paciencia, incluso conmigo misma. He superado cosas que tenía escondidas y pueden ser el inicio de todo lo que me ha pasado, he aprendido cosas que ayudarán también como madre.

Recuerdo aquel pensamiento que tuve antes de empezar aquí y que me hizo darme cuenta de lo mal que estaba: “yo no quiero curarme, yo solo quiero adelgazar…” muy fuerte. No he adelgazado, he recuperado lo que perdí y creo que ya debo de llevar algún kilo más que cuando empecé pero esta Susana y aquella son muy diferentes en otras cosas que me hacen más feliz.

El tema alimentación no ha sido fácil pero ha costado relativamente poco comparado con el resto. Mi herramienta principal ha sido mi libreta. Quizá porque me cuesta pedir ayuda y siempre me ha sido fácil, en cambio, escribir. Me he aferrado a ella y ahí he anotado todos y cada uno de los alimentos que he comido, todo lo que he bebido y también diferentes momentos de cambios de humor o estados de ánimo. Y en este momento de mi vida lo que quería era no comer; tenía miedo, pánico a engordar y no podía dejarme llevar por la sensación así que tuve que cumplir a rajatabla con las pautas. Mi afán de control y disciplina que tanto daño me ha hecho toda mi vida aquí me ayudaron a mecanizar la alimentación. No podía improvisar porque entonces sabía que no lo haría bien así que planificaba cada comida y cada tente, si tenía que salir igual que me llevaba la merienda de la niña me llevaba la mía. Me ponía una alarma para comer cuando tocaba sin que se me pasara la hora. Ahora lo pienso y estoy muy orgullosa de haberlo conseguido. Es muy duro, muchísimo, pero también lo es la vida que hemos llevado hasta ahora. Hay otra vida posible y vale la pena luchar por ella, da igual el tiempo que se tarde, a mi eso me agobiaba mucho pero valoras que es tiempo que estás invirtiendo, ese que antes malgastabas…

No puedo creer la cantidad de cambios realizados, el lastre que me he quitado de encima… Y ya no es todo o nada, blanco o negro…la vida tiene una gama infinita de colores y desde este ángulo se vive mucho mejor.

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