Las nubes sólo duran un momento, y el Sol es para toda la vida

Antes de hablaros de mi experiencia con la enfermedad, quisiera explicaros algunas cosas. Desde los 10 años me he dedicado a la danza y toda mi vida ha girado en torno a ella. Al principio era maravilloso porque bailar me proporcionaba una felicidad pura y sencilla. Sin embargo, a medida que fui dedicándome profesionalmente, las cosas se me complicaron; se me exigía perfección, mucho control y, desgraciadamente, perder peso. Es curioso como al principio, y me estoy refiriendo a cuando tenía 13 años, no dejé que nada de esto me influyera. Yo era consciente de que mi físico no agradaba a la mayoría de profesores que tenía pero luchaba por demostrarles que el arte y la danza no se basaban en un cuerpo, en este caso extremadamente delgado. Conseguí autoconvencerme de todo esto y siempre me negaba a claudicar ante tal aberración, pero ahora sé que después de tantos años de lucha, ese rechazo por parte de la mayoría de personas vinculadas a la danza con las que me relacioné, me afectó y mucho.

Hace tres años decidí dejar de bailar porque sufría demasiado y mi amor por este arte no compensaba los malos ratos que tenía que soportar diariamente. Fue entonces cuando empezó mi verdadero problema con la comida. Gracias a la terapia me he dado cuenta de que mi relación con ella ya fallaba desde hacía mucho tiempo pero no hasta el punto de convertirse en una enfermedad tan grave como la anorexia. De repente sentí mucho miedo, no sabía qué hacer puesto que toda mi vida la había dedicado al baile. Me sentí sola, perdedora, incapaz de hacer nada más que quedarme en casa completamente bloqueada y paralizada. Reprochándome cada día el no haber sido lo suficientemente fuerte como para seguir con mi profesión. De repente, comencé a hacer dieta; tenía la sensación que volver a sentirme que controlaba algo, aunque solo fuera lo que comía, me hacía más capaz. Ese control se convirtió en obsesión hasta el punto de no permitirme comer apenas nada; no quería relacionarme con mis amigos por miedo a tener que comer delante de ellos. Mentía constantemente a la gente que me quería y lo peor de todo es que desde que me levantaba hasta que me iba a la cama no podía dejar de pensar en otra cosa que no fuera la comida y mi enfermiza relación con ella. Me sentía desgraciada, pero una parte de mí creía haber conseguido lo que siempre me habían exigido, estar demasiado delgada. Creía que era feliz por ello, pero os aseguro que no lo era en absoluto. Estaba dejando de vivir de una manera lenta y agonizante. Me castigaba a mí misma con aspectos superficiales de la vida en lugar de afrontar mis miedos y dificultades. Afortunadamente, una gran amiga que pasó por lo mismo que yo años atrás, me hizo darme cuenta de dónde estaba metida y me animó a salir de ese oscuro pozo. Hablé con mis padres, a quienes tenía totalmente engañados, y juntos decidimos plantarle cara a mi enfermedad.

Me gustaría transmitiros todo mi apoyo para quienes os encontráis en una situación parecida. Os aseguro que la fuerza necesaria para dejar a un lado cualquier TCA está dentro de cada uno y cada una. Pensad que cualquier experiencia negativa nos ayuda para reconocer aquellas que son positivas y que de igual modo, nuestra enfermedad nos ayudará a conocernos y a construirnos una nueva vida encaminada hacia donde nosotros y nosotras queramos. Habrá días malos pero también buenos, nos costará cambiar algunas cosas pero otras se irán colocando en su sitio; nos encontraremos con obstáculos pero eso nos permitirá superarnos diariamente. Cuando penséis que habéis retrocedido en vuestra recuperación no os desaniméis porque no es cierto; ningún camino es llano y en cualquier aspecto de nuestra vida nos encontraremos con situaciones semejantes.

Por último, me gustaría premiarme a mí misma porque me siento orgullosa de lo que he conseguido y creo que todos y todas deberíais hacer lo mismo. Tomad un minuto al día para recordaros lo hermosos y hermosas que sois y lo valientes que sois por hacer frente a un TCA, porque si podéis hacerlo con cualquier otra persona, ¿por qué no con vosotros mismos?

6 Respuestas a Las nubes sólo duran un momento, y el Sol es para toda la vida
  1. Osi Responder

    Gracias por compartirlo, gracias por devolverme mi reflejo, y por permitirme ver una vez más que nunca hay que dejar de luchar.

    Porque se trata de felicidad, de respeto a una misma, de confianza, de amor. Valores trascendentales que yo muchas veces he apartado en favor del perfeccionismo extremo, el autocontrol, la exigencia desmesurada y el odio a mí misma.

    Ánimo!!

  2. Sue Responder

    No tienes que agradecerme nada; pero me alegra escuchar que de algún modo he podido ayudarte, aunque tan solo sea recordándote lo importante que es quererse a un@ mism@ y no autoexigirse cosas que probablemente no exigirías a quienes estimas.

    Como bien dices, se trata de felicidad; la felicidad que deseamos cada un@ de nosotr@s y de valorarnos mucho diariamente. Es importante además, ser flexibles y abiert@s a lo que nuestro camino nos pueda mostrar y así llegar a disfrutar cada momento que vivamos.

    En la vida, los bloques de granito se hunden; los corchos siguen flotando. (Auguste Renoir)

    Un enorme abrazo,

    Sue

  3. roser Responder

    qsorpresa verte por aqui,compi!
    creo q toda esa parte de positivismo que te caracteriza… es un recurso que te ha servido mucho para luchar hacia la salida,y creo q transmitir tu testimonio de esa manera puede ayudar a mucha gente a seguir luchando o a empezar a hacerlo, con la motivación y la confianza… de que al otro lado del muro… la vida es de mejor calidad… a pesar de los diferentes momentos… y de las diferentes situaciones (algunas más lindas y otras menos lindas)..pero más VIDA REAL…dejando máscaras y falsas tapaderas.escribir y recibir respuestas a tus escritos te ayudará..y a la vez ayudas. un besinho! gracias y disfruta la oportunidad!

  4. Sue Responder

    Hola hermosa!

    Gracias por tus palabras porque conociéndote sé que son muy muy sinceras y eso me hace feliz.
    Lo que dices me ha hecho pensar y es cierto que mi positivismo siempre me ha ayudado. De todas maneras no es tanto una cuestión de ser positiva sino de NO ser negativa y NO autodestruirse. Como hemos comentado muchas veces, nos empeñamos en llenar nuestra cabeza de frases “oscuras” y poco saludables. Frases que en ningún modo nos facilitan nuestra curación como tampoco construir un camino acorde a lo que somos.
    En general somos personas exigentes pero eso no quiere decir que debamos ponernos trabas a cada paso que damos. No es que todo sea de color de rosa, ni que no cometamos fallos, pero eso es la vida; eso es VIVIR. Y no significa que no nos merezcamos un simple signo de amor y respeto hacia nosotr@s mism@s.

    Nos vemos pronto. Un abrazo lleno de amor,

    Sue

  5. Mireia Responder

    Gracias por tu testimonio. La verdad es que a menudo nos pasamos la vida fijándonos sólo en lo que no tenemos o no podemos alcanzar y no prestamos atención a todo lo que hemos conseguido, todo lo que si que tenemos pero que damos por supuesto que siempre estará ahí.
    Es cierto que pasar por esta enfermedad es muy duro y tiene muchos aspectos negativos y dolorosos, pero también me he dado cuenta que me ha permitido durante el periodo de tratamiento a conocerme a mi misma, descubrir que es lo que realmente quiero en lugar de tratar de agradar a todo el mundo, a ser más fuerte, y a valorar a las personas que están conmigo día a día luchando a mi lado.
    La vida no es fácil, y no siempre vamos a conseguir los sueños que perseguimos, pero la obsesión por la alimentación y por tener un cuerpo extremadamente delgado no van a hacer que eso cambie, hay que saber afrontar los golpes que te da la vida y seguir adelante, y sobretodo debemos aprender a querernos y a respetarnos a nosotras mismas.
    Un beso,
    Mireia

    • Sue Responder

      Eso es Mireia!

      Tú misma lo acabas de decir todo. Parece increíble pero si solamente nos cuidáramos un poco más y nos dedicáramos un poquito cada día a recordarnos las cosas buenas que hemos conseguido y lo que somos; si cambiáramos esa manía de repetirnos una y otra vez, casi inconscientemente, frases negativas; si nos paráramos un segundo a pensar qué es lo que queremos nosostr@s; estoy convencida que nuestras experiencias y nuestra vida en general sería mucho más agradable, sencilla y feliz.

      Me alegra escuchar tus palabras porque me recuerda que hay un maravilloso camino delante nuestro y que en ningún momento estamos sol@s en él.

      Un fuerte abrazo,

      Sue.

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