Archivo mensual: julio 2014

Abrir el corazón y darse cuenta…

Me es difícil hablar de este tema, de los momentos oscuros del tratamiento, porque estoy sintiéndome perdida y desorientada en este gran universo que nos rodea… triste, pequeña y vulnerable, en un limbo incontrolable que solo provoca dolor y me hunde en esos miedos indeseables!…

Y es que creo que es la primera vez que he sido capaz de darme cuenta del gran dolor que puedo estar provocando a los que tengo a mi lado cuando estoy mal y la actitud que tengo ante la vida cuando ese monstruito que tengo dentro se despierta y tiene ganas de comerse el mundo, pisando todo lo que se le pone delante, sin importarle nada.

Des de hace más o menos un mes, este monstruo que llevo dentro se ha despertado y sin yo darme ni cuenta ha hecho que poco a poco mi forma de ver las cosas y mi posición ante la vida y la gente más cercana cambiaran drásticamente, entrando en un espiral de negatividad, pasotismo y hasta enfados con la gente que más quiero.

Creo que lo más humilde es reconocer que en estos momentos no estoy bien, mi parte más oscura vuelve a coger fuerza y saca lo peor de mi, llevándome a un bucle donde construyo un muro delante para protegerme y que nada me haga daño, pero vaya que solución… encerrarme en mi misma y mis emociones, cerrando puertas a que nadie pueda abrazar ese dolor y sanar estas heridas!

Todo eso viene por mis últimas tres terapias, donde la marea nos ha llevado a enfados, a no entendernos y a crear una atmosfera de tensión e incomodidad entre el terapeuta y yo que ha hecho que mi constancia con la terapia no fuera la correcta, dejando semanas vacías y así alimentando todo este malestar, la cual cosa me ha llevado al límite, viéndome cara a cara con mis miedos más profundos y dolorosos.

El último encuentro antes de las vacaciones, el cual reconozco que me hubiera gustado que fuera diferente, porque ante algunas preguntas de mi terapeuta como ¿Qué problema tienes conmigo?… ¿Qué es lo que te enfada tanto?… Me bloqueé de tal manera que no pude articular palabra y eso nos llevó a terminar la terapia antes de tiempo porque “no tenía sentido seguir en silencio”… Pero eso me hizo sentir mal, igual que escuchar de su boca “me entristece enormemente verte así y no poderte ayudar”… Porque no era capaz de comunicar lo que estaba viviendo en ese momento y lo que me hubiera gustado era salir de ese estado y que nos pudiéramos comunicar ni que fuera a través de un abrazo (que al final, justo antes de irnos, así fué)

Así es como ha terminado todo antes del verano, y tengo un miedo terrible a mirar hacia delante y ver que estaré tanto tiempo sin terapia (sumando lo que ya llevo), y es por eso que ante mi miedo, bloqueo y silencio, decidí escribir unas palabras a mi terapeuta explicándole lo que realmente siento y que aquí comparto con vosotros… Porque darse cuenta de lo que está pasando cuando llegas a un punto así, donde parece que no hay salida hacia el “buen rollo”, para mí es un paso importante para intentar no volver atrás en mi proceso terapéutico!

 “Hola J…

Solo quería transmitirte des del corazón, que realmente esto que me está pasando últimamente no va contigo… es verdad que hay un muro entre los dos, lo he puesto yo, y no sabes cómo me sabe de mal esto… pero no lo he puesto solo contigo… lo llevo encima, poniéndolo delante de cada persona que se me cruza. Realmente no sé que es… no sé qué es lo que ha hecho que me cerrara de esta forma… algo me ha dolido mucho, y me sigue doliendo, pero no encuentro el motivo.

Podría decirte cosas que me han molestado de ti… ¿pero sabes?… no son cosas que hagan que este muro este o no… Simplemente las he aprovechado para reafirmar mis mensajes negativos hacia mí… pero en otro momento no hubiera sido así… por lo que veo y entiendo que lo que me pasa es mucho más profundo.

Tengo claro que quiero seguir a terapia contigo! Lo que me hace dudar soy yo misma cuando veo que no me dejo ayudar… pero no lo hago expresamente… es que no sé hacerlo diferente… y me siento muy impotente!

Aunque no te lo creas o no lo sientas así, te digo des de lo más sincero de mi corazón que en ningún momento he dejado de confiar en ti y saber que estabas a mi lado!… en ningún momento, J…!

Realmente siento algo muy intenso hacia ti (siempre como terapeuta, claro está) y la terapia de hoy me ha dolido un montón… me ha dolido bloquearme de esta forma y no poder decirte nada, alejarte aun mas y no dejar que te acercaras… LO SIENTO!… lo siento en el alma de verdad…

Siento que te entristezca verme así y que no puedas hacer nada porque yo no te dejo… siento no saber y no poder dejarme…

Agradezco enormemente (y me quedo corta), que te hayas levantado y me hayas abrazado… lo he necesitado en todo momento, pero me ha sido imposible decírtelo…

No sé qué es lo que necesito… me siento totalmente perdida y no puedo mas… no puedo más con esto, y me gustaría que alguien pudiera rescatarme, aunque fuera saltándose un poco la barrera que yo pongo… sin miedo a “no respetarme”.

Quizás necesite, simplemente, que alguien me diga cosas positivas, que me recuerde lo que ya se pero no me creo… alguien que me coja la mano, me abrace, esté simplemente a mi lado en silencio, sin mas…

Ante todo lo que ha ido pasando, me siento muy triste, muy sola… y con mucho miedo a la vida, a mi misma… no confío en mi… siento que no valgo y que no merezco… y me aparto de la gente, me da miedo acercarme a cualquier persona después de todo… me siento mala persona y tengo miedo a hacer daño y que me rechacen… y así, si rechazo yo, ya no me pueden hacer daño.

Me siento incomprendida… Y si, quizás debería sentirme feliz, porque en un momento así, es cuando he tenido las recaídas, y esta vez, parece que el síntoma está controlado, pero me está costando tanto sobrevivir a eso, que no me quedan fuerzas… Vivir así no es vida… Tiene que cambiar!

Aunque me dirás que no lo necesitas, quiero pedirte disculpas por esas últimas sesiones… me siento mal… me sabe mal… y es que para mí solo ha sido una forma de intentar enfadarme contigo para reafirmarme una vez mas que no merezco a nadie a mi lado, etc…

Me gustaría cambiar esa actitud… pero no sé cómo hacerlo… te veo y me sale la mala leche, pero no contigo… sino conmigo…

Siento rabia, enfado, tristeza… puede conmigo… esa mierda me está volviendo a apretar… y me domina… no soy yo… hay algo en mi interior que me hace ser así… y…. estoy muy cansada de esto,…

Necesito recuperar la magia que teníamos al principio… necesito sentir, sin pensar… y que mi cuerpo se arrope de amor y ternura… de positividad… quiero ganar ese monstruo que tengo dentro y no me deja vivir… Necesito que me ayudes… aunque no me deje… no dejes de intentarlo… como sea…

Te quiero un montón… y no me gusta nada estar así contigo… … eres la única persona que tengo de verdad a mi lado con todo eso y puede ayudarme… aunque a veces no te quiera y me enfade… pero en el fondo te llevo conmigo… siempre… y sé que estas….

Y solo me queda decirte unas palabras que un día una persona a la que he querido mucho y hace menos de un año falleció, dijo… y es que realmente las siento, las he sentido hoy contigo… aquí las dejo…

Amo tu alegría, amo tu tristeza, alguien como tú, hace que todo valga la pena!
Quisiera decirte una vez más que todos esos momentos que pasamos juntos, me hacen sentir que sí, que todo está por hacer y todo es posible. Es demasiado tarde para ser pesimistas, no quiero un mundo tan triste, un mundo tan feo, un mundo cobarde, Yo quiero un mundo sencillo, un mundo sincero, un mundo valiente.

Nuestra lucha fue buena, pero nuestra derrota es mejor, nada de lo que hicimos no se pierde y siempre, en algún lugar, la lucha continúa

GRACIAS por estar y ser… felices vacaciones!”

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¡Objetivos!

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Cuando la mágia del circo me hacia volar, soñar y sentirme libre!

Días en los que estoy en el limbo de poner orden a mi vida, baja de ánimos o desmotivada con lo que hago, es cuando me pregunto más sobre mi futuro, y me planteo mi grado de exigencia ante la vida y mi andar por ella, llegando a la conclusión, la gran mayoría de veces, en que lo mejor es marcarse objetivos, ya que es una forma de activar el motor interno para seguir funcionando con ilusión, eso sí, siempre y cuando estos objetivos sean realistas y podamos alcanzarlos sin frustrarnos (que no quiere decir sin esfuerzo, perseverancia, esperanza, confianza, etc…)

Es por eso, que el último día que sentí esa desmotivación ante mi rutina, me puse el objetivo diario de escribir dos cosas positivas que me hubieran pasado durante el día y así poder crear un espacio de valoración positiva antes de irme a dormir.

La verdad, es que los primeros días pensaba que no tenía sentido hacerlo, ya que solo conseguía sentirme peor porque no encontraba nada positivo, pero poco a poco y día tras día, empecé a darme cuenta que quizás buscaba esas cosas positivas en conductas que hubieran tenido los demás o que estos me hubieran reforzado a mí, sin darme cuenta, que los pequeños detalles, los más insignificantes, también tenían un valor infinito si dejaba que cogieran fuerza en mis pensamientos y en mis sensaciones corporales al recordarlos.

Y es que a veces, cosas que pasan desapercibidas en nuestro hacer diario como ir en moto y que un coche te deje cambiar de carril nos pueden hacer sentir bien, pero si eres tu el que deja pasar al otro, puedes llegar a llenarte de magia, aunque el conductor de detrás se acuerde de toda tu familia por dejar llenar el carril en el que circulas…

Aún es más mágico, cuando eres capaz en un momento del día, de recordar a esa persona que quieres y sentirte lleno, agradecido y sacar una sonrisa de oreja a oreja porque sabes que aunque físicamente no está contigo en ese momento que tanto necesitas escuchar sus palabras, su amor hacia ti, sigue allí, a tu lado, apoyándote y queriéndote!… Siempre!

Al fin y al cabo, esas pequeñas cosas que nos van pasando en la vida, y que muchas veces no podemos ni ponerles nombre porque se reducen a sensaciones dentro nuestro, son las que nos hacen seguir soñando y cumplen finalmente nuestros objetivos más grandes de cada minuto, hora, día, mes, año… Vida!

 ¿Y tu, qué objetivos tienes?

¡Resiliencia!

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Campo de Refugiados de Mihatovići (Bosnia-Hercegovina)

En psicología, dicen que la resiliencia es la capacidad que tenemos las personas de sobreponernos a períodos de dolor emocional y situaciones adversas, logrando adaptarnos bien ante estas tragedias, traumas, amenazas o estrés severo.

A mí, en muchas ocasiones me han dicho que soy una persona resiliente, y siempre he pensado que así era. Pero des de ya hace un tiempo, que me estoy preguntando si realmente se puede decir que lo soy o no, y es que según la definición, aparte de sobreponerme a unas situaciones concretas, también debería haberme adaptado bien a ellas, y eso es lo que me hace dudar.

Mi vida siempre ha sido como una montaña rusa, dando mil vueltas cuando menos me lo esperaba, subiendo y bajando, cogiendo unas velocidades que no siempre eran asumibles para mi edad, y mareándome de tal forma, que poco a poco todo se me ha ido escapando de las manos.

Es verdad que des de bien pequeñita he ido esquivando los golpes de la vida, y con una sonrisa en la cara y una actitud positiva, he ido avanzando como si nada pasara.

¿Pero realmente eso ha sido bueno para mí?

Cada vez me doy más cuenta que ser resiliente no hace referencia a lo que yo he estado haciendo, ya que yo entiendo la resiliencia como algo positivo, como una capacidad que te ayuda realmente a tirar hacia delante de forma óptima, gestionando las emociones ante situaciones “jodidas” y no pasa factura al cabo de los años.

Pero yo no he gestionado nada, nunca… Solo he seguido hacia adelante, dejando que el dolor, la tristeza, la soledad, la rabia, la impotencia, el miedo… fueran penetrando cada vez más en mi interior, en mi ser, en mi alma…

Creo que ahora sí que ha llegado el momento de ser resiliente de verdad, de creer y confiar en que tengo esta capacidad y soy capaz… Y es que ha llegado un punto, que la mayor adversidad que tengo, es la de no querer hacer frente a mis emociones, mirarles a la cara, sonreírles y compartir con ellas el tiempo necesario para conocerlas, quererlas y permitir que de vez en cuando me visiten sin que nos peleemos y terminemos mal.

Así que ahora, el gran reto al que me enfrento, es el de convencer a ese monstruito que tengo dentro, y que me deje darle permiso a la resiliencia para que pueda acompañarme durante mi viaje por la vida, pase lo que pase, junto a ella de la mano,… Seguro que todo da menos miedo!

¡Sonrisas y lágrimas!

sonrisas y lágrimas

¿Quién no ha pasado una época de sonrisas y lágrimas en su vida?… ¿Momentos en los que te salen bien las cosas y tienes motivos para estar contento y al mismo tiempo, momentos de desesperación absoluta?…

Eso es lo que me está pasando estos días, os voy a explicar:

Por una parte, esta última semana me han dado dos buenas noticias…

  1. He conseguido trabajo (temporal) pero suficiente como para que el gusanillo que tenía dentro durmiendo des de hace tiempo se haya despertado y esté dando saltos de alegría por volver a trabajar en el ámbito que durante tantos años me he dedicado, el de la diversidad funcional.
  2. He aprobado un semestre más de la universidad, un semestre en el que las asignaturas que hacía, realmente eran duras para mí, pero el esfuerzo ha dado su fruto, y ahora solo me queda hacer el trabajo final de grado y ya seré educadora social!

Por otra parte, me encuentro en un momento en el que me siento como un “bicho raro”, con un descontrol de mi vida espectacular, y es que este último mes he vivido unas cuantas situaciones estresantes, a nivel de relaciones, familia y los mismos exámenes, que me han desestabilizado bastante!

Estoy en un punto de mi vida que creo que puedo hacer que las cosas cambien, que no sean como siempre han sido y lanzarme al vacío por todo lo alto!… ¿Qué difícil, no?… Pues si!… Me da un miedo terrible eso de dar pasos que no controlo y que no sé donde me llevarán, pero creo que ahora es el momento, básicamente porque veo que si hago lo de siempre, lo que me espera es una recaída en toda regla, y estamos aquí para empezar a evitarlas, ¿no?…

Una de mis grandes dificultades (y de eso me estoy haciendo consciente estos últimos días), es la forma en la cual me posiciono delante de la vida y las personas (relaciones), es decir, sin darme cuenta y de forma inconsciente (por mi pasado y mi historia personal), cuando la ansiedad se apodera de mi, mi salida en un primer momento es la de empezar a verlo todo negro, todo negativo… Y eso hace que esté mucho más irritable y me enfade con todas las personas que tengo a mí alrededor.

Durante ese proceso que voy haciendo sin darme prácticamente cuenta, también empiezo a mandarme mensajes negativos a mí misma, argumentandome que “así es como me siento, y no puedo evitarlo”, pero poco a poco, lo que hago con eso, es que los voy alimentando y eso solo hace que me haga más daño (y un daño muy doloroso y terrible, por cierto!).

Luego, ya viene el no querer saber nada de nadie (“mejor irme que no esperar que me dejen por mi mal carácter”) y desaparecer del mundo… Aquí la cosa ya es preocupante, y es que llegados a este punto, lo que hago es aislarme y encerrarme conmigo misma, componiendo canciones y recayendo de golpe.

Creo que esta vez, aunque voy por el mismo camino, aún estoy a tiempo de poner freno a esto y hacer algo diferente…

Quizás tengo que empezar por no encerrarme y dejar que los demás se acerquen a mi, aunque esté mal y aunque no me apetezca… Quizás también tengo que hacer un esfuerzo para dejarme ayudar y dejar de decir que no a todo lo que se me dice y/o se me propone… Quizás debo confiar un poco más en mi terapeuta y dejarme llevar por él, dejar fluir la vida sin intentar saber qué es lo que me deparará el futuro (inmediato o a largo plazo)…Quizás debería focalizar mi atención en eso positivo que me pasa en la vida y disfrutarlo como se merece, Quizás debería…

Ahora lo que me queda sobre todo por decidir, no es lo que DEBERÍA, sino lo que QUIERO… y es que en un momento de tanto caos interno, es difícil poner las cosas en su sitio y verlas de forma clara… Pero quiero hacerlo!

Eso sí, os confieso que estoy aterrorizada, porque no sé ni qué, ni cómo salir de esta… y es que nunca lo he intentado. Pero si me lo propongo y lucho por conseguirlo, se que así será, así debe ser, y así quiero que sea!

La construcción del “YO”: Culpa y responsabilidad…

¿Os habéis planteado alguna vez el poder que tiene la mirada del otro en la construcción de un “yo” personal propio? …

A veces la percepción que tenemos de nosotros mismos no corresponde en cómo nos percibe la otra persona y eso nos puede hacer cambiar (o no) la visión de nosotros, de forma errónea en muchos casos, o al menos planteárnosla diferente .

Realmente, cuando eres capaz de enfocar las cosas desde dos o más puntos de vista diferentes, aunque de vez en cuando sean opuestos, también visualizas las cosas de forma más global, y por tanto tienes más posibilidades de entender, aceptar, respetar al otro sin juzgarlo, y de rebote, todo esto nos lo podemos aplicar a nosotros mismos.
Me explico: Cuando enviamos un mensaje concreto, normalmente solemos esperar una respuesta concreta (mayoritariamente la que ha tenido a lo largo de su vida) o una respuesta dentro de unos parámetros prácticamente fijados por la sociedad.

Pero si esa misma persona, cuando envía un mensaje no espera nada concreto y está abierta a lo que pueda venir de la otra hacia ella, la comunicación será mucho más fluida y respetuosa y seguramente mucho más provechosa para ambas partes.

Es decir, que lo que enviamos no siempre es lo que la otra persona recibe y por tanto, si somos capaces de aceptar la reacción del otro sea cual sea (con lo que ha recibido de nosotros), podremos aceptar otro punto de vista y con ello, también veremos una parte más de nosotros mismos!
Aquí aparece, sin embargo, en muchas ocasiones, el sentimiento de culpa. Y es que este sentimiento surge ante el dolor causado (real o imaginario) a los demás.

Este dolor que pensamos que hemos causado a quien tenemos delante, puede ser real y por tanto, podemos poner remedio y rectificarlo (pidiendo disculpas, modificando la conducta, etc …) o bien puede ser imaginario, y éste, es el que nos hace sufrir más, ya que interiorizamos una conducta errónea de nuestra parte hacia el otro, ya sea por la reacción que han tenido con nosotros o bien porque sentimos que hemos traicionado y traspasado los límites de nuestra ética y moral personal.

Sea como sea, creo que la clave para bajar la intensidad de esta emoción (no eliminarla porque es totalmente humana y también nos debemos permitir experimentarla de vez en cuando), es preguntarnos ante la situación en la que nos sentimos culpables, ¿Qué hemos hecho mal?

En muchos casos no podremos respondernos la pregunta, y por lo tanto, debemos ser capaces de aceptar que la situación ha sido así, pero que nosotros hemos hecho lo correcto y todo lo que hemos podido y que nuestra responsabilidad como personas (y en aquella relación en concreto) termina aquí y el resto, ya depende de la otra persona.

No podemos ni debemos hacernos cargo ni responsables de todo lo que pase entre las personas, entre las relaciones que tenemos, porque no todo depende solamente de nosotros, sino también de las personas de nuestro entorno.

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