¡Resiliencia!

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Campo de Refugiados de Mihatovići (Bosnia-Hercegovina)

En psicología, dicen que la resiliencia es la capacidad que tenemos las personas de sobreponernos a períodos de dolor emocional y situaciones adversas, logrando adaptarnos bien ante estas tragedias, traumas, amenazas o estrés severo.

A mí, en muchas ocasiones me han dicho que soy una persona resiliente, y siempre he pensado que así era. Pero des de ya hace un tiempo, que me estoy preguntando si realmente se puede decir que lo soy o no, y es que según la definición, aparte de sobreponerme a unas situaciones concretas, también debería haberme adaptado bien a ellas, y eso es lo que me hace dudar.

Mi vida siempre ha sido como una montaña rusa, dando mil vueltas cuando menos me lo esperaba, subiendo y bajando, cogiendo unas velocidades que no siempre eran asumibles para mi edad, y mareándome de tal forma, que poco a poco todo se me ha ido escapando de las manos.

Es verdad que des de bien pequeñita he ido esquivando los golpes de la vida, y con una sonrisa en la cara y una actitud positiva, he ido avanzando como si nada pasara.

¿Pero realmente eso ha sido bueno para mí?

Cada vez me doy más cuenta que ser resiliente no hace referencia a lo que yo he estado haciendo, ya que yo entiendo la resiliencia como algo positivo, como una capacidad que te ayuda realmente a tirar hacia delante de forma óptima, gestionando las emociones ante situaciones “jodidas” y no pasa factura al cabo de los años.

Pero yo no he gestionado nada, nunca… Solo he seguido hacia adelante, dejando que el dolor, la tristeza, la soledad, la rabia, la impotencia, el miedo… fueran penetrando cada vez más en mi interior, en mi ser, en mi alma…

Creo que ahora sí que ha llegado el momento de ser resiliente de verdad, de creer y confiar en que tengo esta capacidad y soy capaz… Y es que ha llegado un punto, que la mayor adversidad que tengo, es la de no querer hacer frente a mis emociones, mirarles a la cara, sonreírles y compartir con ellas el tiempo necesario para conocerlas, quererlas y permitir que de vez en cuando me visiten sin que nos peleemos y terminemos mal.

Así que ahora, el gran reto al que me enfrento, es el de convencer a ese monstruito que tengo dentro, y que me deje darle permiso a la resiliencia para que pueda acompañarme durante mi viaje por la vida, pase lo que pase, junto a ella de la mano,… Seguro que todo da menos miedo!

¡Sonrisas y lágrimas!

sonrisas y lágrimas

¿Quién no ha pasado una época de sonrisas y lágrimas en su vida?… ¿Momentos en los que te salen bien las cosas y tienes motivos para estar contento y al mismo tiempo, momentos de desesperación absoluta?…

Eso es lo que me está pasando estos días, os voy a explicar:

Por una parte, esta última semana me han dado dos buenas noticias…

  1. He conseguido trabajo (temporal) pero suficiente como para que el gusanillo que tenía dentro durmiendo des de hace tiempo se haya despertado y esté dando saltos de alegría por volver a trabajar en el ámbito que durante tantos años me he dedicado, el de la diversidad funcional.
  2. He aprobado un semestre más de la universidad, un semestre en el que las asignaturas que hacía, realmente eran duras para mí, pero el esfuerzo ha dado su fruto, y ahora solo me queda hacer el trabajo final de grado y ya seré educadora social!

Por otra parte, me encuentro en un momento en el que me siento como un “bicho raro”, con un descontrol de mi vida espectacular, y es que este último mes he vivido unas cuantas situaciones estresantes, a nivel de relaciones, familia y los mismos exámenes, que me han desestabilizado bastante!

Estoy en un punto de mi vida que creo que puedo hacer que las cosas cambien, que no sean como siempre han sido y lanzarme al vacío por todo lo alto!… ¿Qué difícil, no?… Pues si!… Me da un miedo terrible eso de dar pasos que no controlo y que no sé donde me llevarán, pero creo que ahora es el momento, básicamente porque veo que si hago lo de siempre, lo que me espera es una recaída en toda regla, y estamos aquí para empezar a evitarlas, ¿no?…

Una de mis grandes dificultades (y de eso me estoy haciendo consciente estos últimos días), es la forma en la cual me posiciono delante de la vida y las personas (relaciones), es decir, sin darme cuenta y de forma inconsciente (por mi pasado y mi historia personal), cuando la ansiedad se apodera de mi, mi salida en un primer momento es la de empezar a verlo todo negro, todo negativo… Y eso hace que esté mucho más irritable y me enfade con todas las personas que tengo a mí alrededor.

Durante ese proceso que voy haciendo sin darme prácticamente cuenta, también empiezo a mandarme mensajes negativos a mí misma, argumentandome que “así es como me siento, y no puedo evitarlo”, pero poco a poco, lo que hago con eso, es que los voy alimentando y eso solo hace que me haga más daño (y un daño muy doloroso y terrible, por cierto!).

Luego, ya viene el no querer saber nada de nadie (“mejor irme que no esperar que me dejen por mi mal carácter”) y desaparecer del mundo… Aquí la cosa ya es preocupante, y es que llegados a este punto, lo que hago es aislarme y encerrarme conmigo misma, componiendo canciones y recayendo de golpe.

Creo que esta vez, aunque voy por el mismo camino, aún estoy a tiempo de poner freno a esto y hacer algo diferente…

Quizás tengo que empezar por no encerrarme y dejar que los demás se acerquen a mi, aunque esté mal y aunque no me apetezca… Quizás también tengo que hacer un esfuerzo para dejarme ayudar y dejar de decir que no a todo lo que se me dice y/o se me propone… Quizás debo confiar un poco más en mi terapeuta y dejarme llevar por él, dejar fluir la vida sin intentar saber qué es lo que me deparará el futuro (inmediato o a largo plazo)…Quizás debería focalizar mi atención en eso positivo que me pasa en la vida y disfrutarlo como se merece, Quizás debería…

Ahora lo que me queda sobre todo por decidir, no es lo que DEBERÍA, sino lo que QUIERO… y es que en un momento de tanto caos interno, es difícil poner las cosas en su sitio y verlas de forma clara… Pero quiero hacerlo!

Eso sí, os confieso que estoy aterrorizada, porque no sé ni qué, ni cómo salir de esta… y es que nunca lo he intentado. Pero si me lo propongo y lucho por conseguirlo, se que así será, así debe ser, y así quiero que sea!

La construcción del “YO”: Culpa y responsabilidad…

¿Os habéis planteado alguna vez el poder que tiene la mirada del otro en la construcción de un “yo” personal propio? …

A veces la percepción que tenemos de nosotros mismos no corresponde en cómo nos percibe la otra persona y eso nos puede hacer cambiar (o no) la visión de nosotros, de forma errónea en muchos casos, o al menos planteárnosla diferente .

Realmente, cuando eres capaz de enfocar las cosas desde dos o más puntos de vista diferentes, aunque de vez en cuando sean opuestos, también visualizas las cosas de forma más global, y por tanto tienes más posibilidades de entender, aceptar, respetar al otro sin juzgarlo, y de rebote, todo esto nos lo podemos aplicar a nosotros mismos.
Me explico: Cuando enviamos un mensaje concreto, normalmente solemos esperar una respuesta concreta (mayoritariamente la que ha tenido a lo largo de su vida) o una respuesta dentro de unos parámetros prácticamente fijados por la sociedad.

Pero si esa misma persona, cuando envía un mensaje no espera nada concreto y está abierta a lo que pueda venir de la otra hacia ella, la comunicación será mucho más fluida y respetuosa y seguramente mucho más provechosa para ambas partes.

Es decir, que lo que enviamos no siempre es lo que la otra persona recibe y por tanto, si somos capaces de aceptar la reacción del otro sea cual sea (con lo que ha recibido de nosotros), podremos aceptar otro punto de vista y con ello, también veremos una parte más de nosotros mismos!
Aquí aparece, sin embargo, en muchas ocasiones, el sentimiento de culpa. Y es que este sentimiento surge ante el dolor causado (real o imaginario) a los demás.

Este dolor que pensamos que hemos causado a quien tenemos delante, puede ser real y por tanto, podemos poner remedio y rectificarlo (pidiendo disculpas, modificando la conducta, etc …) o bien puede ser imaginario, y éste, es el que nos hace sufrir más, ya que interiorizamos una conducta errónea de nuestra parte hacia el otro, ya sea por la reacción que han tenido con nosotros o bien porque sentimos que hemos traicionado y traspasado los límites de nuestra ética y moral personal.

Sea como sea, creo que la clave para bajar la intensidad de esta emoción (no eliminarla porque es totalmente humana y también nos debemos permitir experimentarla de vez en cuando), es preguntarnos ante la situación en la que nos sentimos culpables, ¿Qué hemos hecho mal?

En muchos casos no podremos respondernos la pregunta, y por lo tanto, debemos ser capaces de aceptar que la situación ha sido así, pero que nosotros hemos hecho lo correcto y todo lo que hemos podido y que nuestra responsabilidad como personas (y en aquella relación en concreto) termina aquí y el resto, ya depende de la otra persona.

No podemos ni debemos hacernos cargo ni responsables de todo lo que pase entre las personas, entre las relaciones que tenemos, porque no todo depende solamente de nosotros, sino también de las personas de nuestro entorno.

Expresar las emociones y los sentimientos!

Una de las cosas que veo más difícil de hacer en esta vida, es expresar y compartir nuestras emociones y sentimientos abiertamente, sobre todo a las personas que forman parte de nuestro entorno más cercano…

En mi caso, la mayor dificultad que me encuentro a la hora de hacerlo, es el aprendizaje que he tenido por parte de mi familia, y es que en mi casa prácticamente nunca se han expresado las emociones abiertamente, y esto es lo que he vivido y he interiorizado.

Hoy necesito hablar de este tema, porque me he encontrado con una situación relacionada con esto y no me ha tocado más que plantarle cara y realmente me ha hecho pensar y reflexionar al respeto, por que el dolor que he sentido al darme cuenta de ciertas cosas ha sido muy grande.

Me explico:

Esta noche hemos decidido salir a cenar fuera, cosa que personalmente me ha agobiado bastante, porque no estoy acostumbrada a comer junto a mi familia y menos en un lugar público, y eso me ha puesto en tensión, lo que ha hecho que mi forma de comunicarme con ellos haya sido más fría y cortante de lo normal.

El primer encontronazo que hemos tenido, ha sido a la hora de escoger restaurante, y es que a mí no me apetecía nada comer con ellos y me ha salido la parte de “me da igual todo, pero todo lo que proponéis no me gusta”… (Solo tenía ganas de volver a casa)

Eso ha provocado una conversación, o mejor dicho, una discusión sobre mi forma de dirigirme a mi familia y mi comportamiento hacia ellos, que me ha dado pie a expresar lo que siento y como estoy respeto a esta relación.

Realmente eso ya lo habíamos hablado muchas veces en casa, pero luego siempre todo sigue igual, es decir, el que he expresado es que siento que no me escuchan, que pasan de todo lo que les digo, que no me siento comprendida, tengo la sensación que desconfían de mi en todo y me falta más atención hacia mí de su parte.

Una de las respuestas que he tenido, ha sido que ellos no hacen todo esto, que lo que digo no es verdad y que si que me escuchan, me atienden, etc…

¡Pero yo me siento así, yo siento esto! (aunque también he expresado y clarificado que entiendo que no es su intención, pero lo que yo siento al respeto es eso)

Y su respuesta a mi reclamo ha sido clara… “Ah! Eso es lo que tú sientes, el problema es tuyo!”

¿Os podéis imaginar lo que he sentido en ese momento?… Si, mucha incomprensión, soledad, rabia y tristeza!, y es que una vez más, me han confirmado y he reafirmado que lo que les digo se queda en el aire, como si nada ocurriera.

Esta vez, por eso, he elegido seguir hablando del tema, aunque ya estábamos en el restaurante y quizás no era el mejor sitio para hacerlo, pero he querido aprovechar la ocasión y entonces les he explicado realmente como me siento, de forma más profunda, sin tapujos e intentando que no se sintieran atacados.

Pero por mala suerte, en la sociedad que vivimos, tenemos la mala costumbre de tomárnoslo todo personalmente y como un ataque personal y hoy no ha sido diferente, así que su reacción a mis palabras ha sido ataque personal de estos que todos estamos acostumbrados a recibir de vez en cuando, y me refiero a esas frases típicas como “Y tu dijiste”… “y tú hiciste”… “y tu…” “y tú”…

¿Pero sabéis?… Esta vez no me ha afectado el “y tú”… sino el ver que todo sigue igual y que no se dan cuenta de la parte más profunda e íntima mía, de eso que me duele des de hace años y de eso que quiero cambiar y no puedo si en cierta manera ellos no hacen un esfuerzo para que así sea.

Así que por mi parte, he terminado el tema diciéndoles que yo estoy intentando cambiar, estoy intentando buscar la forma de aceptar todo eso sin pretender que ellos cambien, aceptándolo y buscando las estrategias necesarias para poder vivir feliz a pesar de todo esto, entonces ha sido cuando se han dado cuenta de que me está afectando (creo que no han llegado a interiorizar el dolor real que tengo), pero algo les ha llegado y me han dicho que realmente les sabia muy mal esta situación, pero que ellos también se sienten mal cuando les hablo mal o cuando me alejo de ellos y me encierro en mi habitación o no les doy explicaciones de nada, en definitiva, cuando no hay comunicación entre nosotros, sobre todo por mi parte!

Me ha caído el mundo encima!… Realmente tienen razón en eso… y aquí es cuando me he dado cuenta de verdad, que la comunicación con ellos, la relación que tenemos, la hemos creado entre todos… Aquí no hay culpables, todos somos iguales y todos sentimos, sufrimos, etc. Por lo tanto, el aprendizaje, el cambio, el respetar al otro, depende de todos y para llegar a ese fin, se tiene que hacer un camino personal profundo, por ambas partes, e intentar ser asertivos con las relaciones que tenemos, … Aunque cueste, aunque nos de miedo la reacción del otro, aunque nos tengamos que enfrentar a nuestras emociones y sentimientos y nos duela… Aún así, nos tenemos que lanzar al vacio y confiar en que si hacemos todo lo que está en nuestras manos el universo pondrá cada cosa en su lugar.

Me quedaré reflexionando sobre todo esto, sobre lo que me pertenece cambiar a mí y hasta donde llega mi responsabilidad al respeto y cuál es su espacio y área de actuación, porque mi intención no es cambiar a nadie como persona, sino intentar que la relación dentro de la familia sea lo mejor posible para que todos nos sintamos a gusto dentro de casa.

Vamos a seguir caminando, avanzando, creciendo y aprendiendo para que eso cambie, y es que estoy convencida que lo hará, porque es algo que quiero, y con esfuerzo, paciencia y constancia, lo voy a conseguir, como hoy he conseguido (o quizás no al 100% pero si un 80%), comer con la mayor normalidad posible en un momento de “caos” emocional interno, aunque tengo que decir que me ha costado un esfuerzo inmenso y he tenido que pararme a pensar y centrarme en mi, en cuidarme y mimarme un poco… porque aunque me haya sentido fatal toda la cena y durante toda la conversación, aunque se me han quitado las ganas de comer y necesitaba sentir esa sensación de alivio y calma que se produce cuando el síntoma aparece, eso no puede ni debe hacer que yo me quede sin alimentar mi cuerpo, porque no se lo merece!

¿Comer en exceso o dejar de comer?… El síntoma!

Ser consciente de lo que está sucediendo en nuestro interior cuando la comida se apodera de nuestras vidas, puede ayudar a prevenir y eliminar el síntoma.

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¿Tienes miedo?…

¿Te sientes solo/a?…

¿Estás triste?…

¿Tienes ansiedad, estás nervioso/a o agobiado/a?…

Aprender a manejar las emociones y sensaciones que nos produce esto, es la clave para que nuestras vidas no se descontrolen a través de las ingestas y así hacer frente a nuestro día a día con más serenidad y felicidad sin tener que pasar 24h pensando en la comida y nuestro cuerpo!

Soy consciente que cuando nos encontramos en momentos de estrés, de tristeza profunda, soledad, etc.… es muy difícil pararse a pensar en que eso es lo que hace que tengamos la necesidad de llenar un vacío y un dolor interno y nos sumerjamos en el gran océano de la comida, tanto comiendo en exceso, como dejando de comer o compensando de alguna forma lo que hemos comido.

Eso nos ayuda en el momento concreto que llevamos la acción a cabo, porque nos relaja, nos sacia esa angustia que sentimos, pero a la larga, eso mismo es lo que nos hace sentirnos peor y entrar en una espiral que no podemos romper, haciendo que cada minuto que pasa, nos sintamos más desgraciados/as.

Afortunadamente, puedo decir que el síntoma no forma parte de mi día a día en estos momentos, pero soy consciente que aún estoy en ese camino donde mi cabeza me juega malas pasadas y de vez en cuando tengo que parar a pensar en eso que os digo, y no es nada fácil, para nada, y menos cuando te encuentras en ese punto donde la impulsividad puede contigo y te gana la batalla una vez más, pero es en esos momentos, donde hace falta sacar la fuerza de donde sea, despertar la fuerza de voluntad que llevamos dentro y obligarnos a comer con moderación y de forma adecuada, porque sabemos que la conducta con la comida solo es el síntoma de todo este infierno, que el problema real es la mala gestión de nuestras emociones, y que la solución es aprender a manejarlas correctamente!

Ponle atención a tu cuerpo. Muchas veces perdemos de vista el cuerpo y nos volvemos inconscientes a sus señales; luego entonces, pasa el tiempo y las pequeñas señales se vuelven pequeños síntomas, los cuales, si no se atienden de la forma debida, se vuelven enfermedad.

Por eso, es tan importante pedir ayuda lo antes posible a un profesional, a nuestra familia, nuestro entorno… Porque sin ese aprendizaje, es casi imposible salir adelante, y alguien nos lo tiene que enseñar, ¿no os parece?

Hoy, es un día de estos que siento que me va a costar, por eso debo esforzarme, quiero hacerlo, me lo merezco y sé que lo conseguiré…

¡Tu también puedes!

Soy Adoptada… ¿Y qué?

Muchas preguntas son las que uno se hace durante su vida, y más cuando sabes que eres adoptado, muchas otras, son las que te llegan de los demás, haciendo que aún te cuestiones más las cosas!… Inconscientemente empiezas a pensar y a reflexionar a unos niveles que nunca podrías imaginarte en esa edad.

Yo recuerdo que era bastante pequeña cuando me lo dijeron, no sabría deciros la edad exactamente, pero creo que entre los 6 y los 9, pero lo que sí recuerdo, son mis padres sentados en el sofá del comedor, tranquilos y con toda la atención puesta sobre mí.

Me dijeron: “Eres adoptada”… y me explicaron que quería decir, así como también me explicaron el día de mi llegada a casa (Vaya caos ese día!)… y mi cabeza empezó a intentar saber más y más, así que les pregunté directamente quien eran mis padres biológicos y porque ellos no habían podido tener hijos.

La primera pregunta quedó sin resolver, ya que mis padres hicieron todos los trámites pertinentes pero no conocieron ni supieron nada de mis padres biológicos. Solo que me adoptaron cuando tenía 1 año, y que era nacida en Barcelona.

La segunda pregunta si que tuvo explicación, pero esta me la guardo para mí!

Recuerdo ese día con mucha felicidad y agradecimiento a mis padres, por su sinceridad y su valor por decírmelo, porque imagino que para ellos tampoco debió ser fácil dar el paso, ya que el miedo a ser rechazados, etc… les debía estar recorriendo el cuerpo.

Verdaderamente me alegro de esta gran suerte que tuve en la adopción, porque fui a parar a una pequeña familia humilde, con grandes valores y educación personal. Pero también es verdad que poco a poco, mientras avanzaba mi camino de la vida, me he preguntado muchas veces quien soy y de donde vengo… quien podría ser, quien son mis padres biológicos, porque me dieron en adopción y que vida me hubiera tocado vivir si no fuera por eso!

Y es que creo, que las personas que somos adoptadas, en general, pasamos por unas cuantas fases básicas:

  1. Los motivos de la adopción: El “¿Por qué soy adoptado?”
    2. Falta de información: O información difícil de aceptar
    3. Diferencia: “No me gusta ser diferente de los demás.”
    4. Permanencia: “¿Será mi familia ‘para siempre’?”
    5. Identidad: “¿Quién soy yo?”
    6. Lealtad: “Necesito información pero no quiero hacer daño a mis padres.”

Creo que yo, excepto el punto de “diferencia”, que nunca me he sentido diferente de nadie por este motivo, he pasado por todas y aún añadiría la de “vergüenza”, ¿Si lo digo, que van a pensar los demás?

Y eso, ahora ya, de mayor, me hace pensar y reflexionar en muchas cosas de mi vida, mis comportamientos, mi ser y mi sentir, ya que creo que todo esto sí que me ha influido bastante, en el sentido de empezar a vivir un tema en soledad, con vergüenza, con miedo a que los otros pensara que era diferente a ellos y ser rechazada por este motivo… Y aunque más de una vez he pensado en buscar a mis padres biológicos, no me atrevido, porque en el momento que lo hago, me planteo un sinfín de cosas, me entran dudas y llego a mi ética personal y mi forma de ver el mundo, que en parte, me impide hacerlo.

Pero aún así, creo que es importante hacer un buen trabajo de aceptación e interiorización de este tema, porque las sensaciones corporales que se tienen (sin recuerdo alguno), las preguntas sin resolver (y quizás nunca tengan respuesta), los pros y contras de elegir un camino u otro de “búsqueda de la verdad”, etc… Es lo que te hace sentir bien o mal contigo mismo en muchos momentos, y no por el hecho de la adopción en si, sino por el hecho de las vivencias entorno a este tema, como puede ser el rechazo, el abandono, la desconfianza, la soledad, la tristeza, etc.

Pero al fin y al cabo, aunque eso te permita trabajarte a nivel personal para evolucionar, mi vida es lo que he vivido, lo que voy viviendo y lo que viviré, junto a las personas que me han querido incondicionalmente y lo harán pase lo que pase.

Nunca había hablado tan abiertamente de este tema con nadie, pero soy adoptada… ¿Y qué?… No me avergüenzo de ello.

Así que en algunas entradas posteriores, iré hablando del tema para que así os ayude a entender muchas de las cosas que he ido viviendo.

 

Tina peque

Mi historia

¡Tú puedes!

Esta ha sido la frase que ha hecho que desde pequeña mi responsabilidad y fuerza interior para ir tomando decisiones y superar obstáculos se apoderara de mí. Yo sola he sido la que he afrontado las diferentes situaciones que me han ido viniendo y siempre me ha hecho sentir bien sentirme capaz de poderlo hacer, ha sido un aprendizaje forzado y muy valioso, pero, el problema ha venido cuando años después de asumir esta responsabilidad de forma inconsciente ante la vida, me he dado cuenta que mi mundo interior, poco a poco se ha ido desestabilizando y escapando de las manos!

Quizás, yo no podía con todo y necesitaba del otro, pero no me daba cuenta de ello en mí día a día y he ido aferrándome a ello como si nada pasara, porque me sentía responsable, no creía que nadie pudiera ayudarme en esa soledad que poco a poco ha ido ganando terreno en mi interior.

Pero llegó un día, que alguien se acercó a mí y me tendió su mano, sin juzgarme y sin reprocharme nada, solo acompañando ese dolor que se hacía más presente día a día, respetándome y entendiéndome, hasta que me di el permiso de dejarme apoyar por esta persona y tuve la confianza de abrirle mi corazón y pedirle ayuda!

En esos momentos me encuentro caminando en ese camino, junto la gran “familia” del Centro ABB (Barcelona). Un camino vivencial, personal, profundo, de confianza, de amor, de risas y llantos, de vibraciones y energía positiva… El cual, me está aportando un conocimiento y un crecimiento de mi ser y mi persona que poco a poco os iré contando en este espacio.

Un abrazo a tod@s, de corazón a corazón!

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